martes. 11.08.2020 |
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Aumenta el número de personas en situación de exclusión social severa en Castilla y León

Aumenta el número de personas en situación de exclusión social severa en Castilla y León
Aumenta el número de personas en situación de exclusión social severa en Castilla y León

De 2013 a 2018.

El Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en Castilla y León de 2019, elaborado por la Fundación Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada (Foessa), impulsada por Cáritas, demuestra que las personas en situación de exclusión social severa en la comunidad autónoma han aumentado entre los años 2013 y 2018, ya que se ha pasado de un 5,1% de la población a un 8,9%.

Para realizar este estudio, Foessa ha llevado a cabo una encuesta por toda la sociedad autónoma, “llegando a entrar en casas de gente que no comunica su situación”, cuenta Guillermo Fernández Maíllo, coordinador del equipo de Estudios de Cáritas.

El informe arroja diferentes datos tras pasar por varios criterios, como la situación laboral, los recursos económicos, el consumo realizado, el nivel de estudios, las relaciones familiares o la implicación en acciones políticas y sociales. Así, en Castilla y León aparecen 368.000 excluidos socialmente y 214.000 ciudadanos en situación de exclusión social severa (la más grave de las dos fijadas por Foessa).

La comunidad autónoma con menos exclusión social, tanto moderada como severa, es La Rioja. La región con más, Canarias. Aunque se carece de datos específicos para Salamanca, Fernández Maíllo asegura que la capital provincial está al mismo nivel que León y Valladolid, por lo que coloca a Ávila, Segovia y Zamora como los lugares en los que más riesgo de exclusión social existe.

Con los parámetros de este estudio, los grupos con mayor potencial para caer en exclusión social son los inmigrantes, los parados, las familias con niños y las familias monoparentales.

Para solucionar este problema, Guillermo Fernández Maíllo ofrece cinco claves: “Poner atención en la invisibilidad; crear un espacio público entre las administraciones, los sindicatos, las asociaciones y la ciudadanía; variar el actual mercado laboral; desvincular el consumo y el trabajo porque este último elemento no genera necesariamente potencia cuantitativa y cualitativa, y determinar dónde se invierte el dinero, ya que es distinto hacerlo en la prevención que en la curación”.

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