La maldita soledad de una casi nonagenaria dificulta su vacunación en un pueblo de Zamora

Una vecina de Junquera de Tera que vive sola y sin familiares en el pueblo se ve obligada a trasladarse al Centro de Salud de Camarzana para que le inyecten la vacuna.

La maldita soledad de una casi nonagenaria dificulta su vacunación en un pueblo de Zamora

Una octogenaria, casi ya nonagenaria porque son 89 años los que tiene una vecina de Junquera de Tera que se encuentra al albur de sus convecinos para recibir la vacuna, sufre, hora tras hora, una incertidumbre tras una llamada telefónica. Para este viernes le han citado desde el Centro de Salud el Tera en Camarzana a donde tiene que trasladarse para recibir la vacuna contra el coronavirus.

Maldita pandemia esta que la administración no ha aprendido nada todavía de empatía, de solidaridad. La venerable señora de Junquera de Tera vive sola en su casa, no tiene familiares en el pueblo y desde Sanidad, ese ente supremo, aún conociendo de su situación, se atreve a advertirle a un vecino reclamante que ha de trasladarse hasta Camarzana. Vamos, que no pueden acercarse hasta el pueblo, hasta su casa para inyectarle la vacuna.

Si los criterios de vacunación son discutidos, más aún son los que determinan a quien se vacuna a domicilio y a quien no. Esa pesada losa que es la soledad, más aún en una situación sanitaria como la que vivimos, es muy difícil de levantar si no existe un mínimo de sentido común en la administración para lo que ahora llaman España Vacía, los pueblos sin gente, de avanzada edad, en soledad, casi sin vida.

Parecería que este sería un caso aislado. Pero, no. La venerable señora de Junquera de Tera puede que reciba su vacuna el viernes próximo, pero no será por la empatía de la administración sanitaria que ante un caso así y más aún conociéndolo se digne a dar el brazo a torcer. Será porque algún vecino la traslade hasta el Centro de Salud de Camarzana. Y sin recibir aplausos.

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