El Convento de Santa Sofía de Toro, declarado Bien de Interés Cultural

El Convento de Santa Sofía de Toro, declarado Bien de Interés Cultural

En las últimas horas, el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León aprobaba la declaración de Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, del Convento de Santa Sofía, ubicado en Toro. En concreto, recibían esta distinción los restos del antiguo Palacio de la Reina María de Molina, el Torreón, el Patio de la Cisterna y la Iglesia. 

Con este reconocimiento, se delimita también un entorno de protección atendiendo a la propia configuración del convento delimitado por la cerca que le rodea, en el que se incluyen las parcelas con fachada al Torreón y a la entrada de la iglesia, que constituyen un entorno inmediato en el que cualquier intervención pueda suponer una alteración en las condiciones de percepción del bien y en su propio carácter. Por su vinculación al inmueble, se incluye en esta declaración una serie de bienes muebles relacionados con el monumento.

En 1316 la reina María de Molina cedió el palacio que había pertenecido a su canciller, el obispo de Coria don Alfonso, a una comunidad de monjas premostratenses. El edificio situado en la rúa de Santa Maria de Arbás, junto a la puerta de Adalia del primer recinto murado de la ciudad, fue objeto de importantes reformas para su adecuación al nuevo uso monacal del Monasterio Premostratense de Santa Sofía de Toro.

Dentro de este conjunto conventual se conserva un espacio único conformado por los restos del antiguo palacio, entre los que destaca un pequeño patio conocido como Patio de la Cisterna, perteneciente a la antigua vivienda palaciega, y el Torreón que lindaba con el primer recinto amurallado de la ciudad de Toro, que han permanecido prácticamente inalterados hasta la actualidad y que constituye un singular ejemplo de arquitectura civil.

El Patio de la Cisterna, de planta rectangular, está formado por dos hileras paralelas de seis esbeltas columnas con basas áticas, alargado fuste y capiteles tallados con motivos vegetales y animados, sobre un basamento de piedra que cierra las galerías. El acceso al patio se practica a través de un zaguán ubicado en el piso inferior del torreón de ladrillo, por la que fuera la portada principal original del palacio primitivo, de arco apuntado con arquivoltas que voltean sobre jambas lisas.

Asimismo, destaca la pequeña iglesia con interesantes armaduras de cubierta y el retablo tardorrenacentista, obra maestra de la primera época del escultor Sebastián Ducete. La iglesia, objeto de numerosas transformaciones -principalmente en la segunda mitad del siglo XVI-, conserva su ubicación original y la puerta de acceso abierta en un sencillo muro de ladrillo, mediante arco de medio punto protegido por alfiz, rematado con un tejaroz de modillones de rollos.

A esta época corresponde también, la remodelación de la capilla mayor y la apertura al cuerpo de la iglesia mediante arco triunfal de medio punto y las bellas armaduras de cubierta, ochavada en la capilla mayor y armadura de par y nudillo con pares de tirantes en el cuerpo de la iglesia.

A lo largo del tercer tercio del siglo XVI se amplía el patio principal, originalmente de una altura, alrededor del cual se habían distribuido las estancias necesarias para la vida conventual, construyéndose el claustro de dos alturas, aprovechando las antiguas columnas góticas para las galerías altas.

En la actualidad, tras las reformas y restauraciones llevadas a cabo en la segunda mitad del siglo XX, dentro de lo que hoy es el Convento de Santa Sofía de Toro, se conserva un espacio único homogéneo de alto valor patrimonial, que ocupa todo el flanco sur, conformado por los restos de la antigua casa del siglo XIII del obispo de Coria, después palacio de la reina doña María de Molina, así como la iglesia y el coro del monasterio, cuyo valor como documento histórico y testimonio de la evolución de este conjunto conventual justifican la calificación como Bien de Interés Cultural.

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