La Junta de Castilla y León prepara una nueva línea de ayudas dirigida a los productores de cereal para compensar las pérdidas registradas en una campaña marcada por la caída de la producción y de la rentabilidad de las explotaciones. Las subvenciones se distribuirán por comarcas agrarias, con el objetivo de ajustarse a la realidad productiva de cada zona.
El anuncio lo realizó este viernes el consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino, tras la reunión del Consejo Regional Agrario celebrada en Tabladillo (Segovia), donde explicó que la cosecha de este año se ha reducido en torno a un tercio respecto a la campaña anterior.
La Junta estima una producción de 4,9 millones de toneladas, con un rendimiento medio de 3.100 kilos por hectárea, frente a los alrededor de 4.000 kilos que, según el consejero, necesita un agricultor para cubrir costes.
Pino explicó que la nueva ayuda autonómica complementará la aprobada por el Gobierno de España, pero se diseñará atendiendo a los rendimientos de cada comarca agraria. "Un reparto por explotación individual sería imposible de gestionar", señaló, por lo que la Consejería utilizará datos estadísticos, información satelital y los informes de las comisiones de estadística que realizan el seguimiento de la campaña.
El consejero subrayó que el sector cerealista atraviesa un problema estructural de rentabilidad, agravado por el incremento de los costes de producción desde la pandemia y por unos precios que, aseguró, no permiten cubrir los gastos de las explotaciones.
Además, reclamó al Gobierno central una posición más firme ante acuerdos comerciales como Mercosur y defendió la aplicación de las denominadas cláusulas espejo a las importaciones procedentes de terceros países. También criticó el impacto de la entrada de cereal derivada de la guerra de Ucrania, que, a su juicio, contribuye a mantener deprimidos los precios.
En cuanto a la campaña, el titular de Agricultura atribuyó los malos resultados a una sucesión de fenómenos meteorológicos adversos: la falta de lluvias durante la siembra, el exceso de precipitaciones a finales del invierno y comienzos de la primavera y las elevadas temperaturas registradas en mayo y junio, que perjudicaron especialmente al desarrollo de la cebada.
Por otra parte, Pino anunció que la Junta estudiará la posibilidad de volver a autorizar las quemas controladas de rastrojos como medida para combatir la proliferación de malas hierbas.
Los representantes de Asaja, UCCL y la Alianza UPA-COAG respaldaron el diagnóstico realizado por la Consejería y mostraron su apoyo a la puesta en marcha de ayudas específicas para aliviar las pérdidas sufridas por los agricultores cerealistas.




