“Resulta curioso que en el mismo momento en que los grandes grupos editoriales están redactando la necrológica definitiva para el libro impreso, otros grupos -de personas, no de empresas- se lanzan a la aventura de editar en diferentes formatos, en diferentes soportes o para diferentes públicos desde una perspectiva artesanal… ¿son estos los “irreductibles galos” de la edición? ¿Es un oficio o es un arte?”
Bajo esta premisa, Emilio Ruiz Trueba, bibliotecario del Museo Etnográfico de Castilla y León, ideó el primer Encuentro de Editoriales Artesanales que desde este viernes se celebra en el Museo. Tal y como explicaba el organizador, el proyecto ha ido madurando desde hace un par de años debido a la nueva coyuntura editorial. “De repente ves que sobre todo gente joven empieza a funcionar como se funcionaba antes y te preguntas por qué. Entonces decides organizar un encuentro para que nos lo cuenten”, explicaba.
Durante la inauguración celebrada este viernes, el responsable aseguraba que no existe un encuentro de editoriales tan específico como este a nivel nacional por lo que se espera que el evento creado en Zamora vaya consolidándose con el paso de los años. Fabio de la Flor, de la Editorial Delirio, abrió la primera jornada "desbrozando" el mercado actual del libro enumerando los distintos porcentajes que engloba una publicación como aquellos dedicados a la edición, la traducción, la maquetación, la impresión o la distribución, además del IVA. “El libro es totalmente poroso, quizá uno de los objetos serializados que más gravedad adquieren a lo largo del tiempo, todo confluye en él, se va hinchando con millones de factores pero tiene algo que irradia, que los envuelve, que está ahí”, reflexionaba el salmantino, quien asumía la inmutabilidad del tablero pero proponía crear otro tipo de jugadas para hacer frente a la situación vigente.
Tras la charla inaugural, Francisco de Paula Martínez Vela, más conocido como Paco Vela, relató su experiencia personal al frente de la Oficina Tipográfica Marvel en la ponencia titulada ‘Una editorial con mucho plomo’ asegurando que tuvo que desaprender el oficio de impresor comercial que desempeñaba para descubrir la faceta más artística de la tipografía que hoy en día desarrolla. De forma paralela, la Biblioteca del Museo acogió el primer taller monográfico de libros de cartón, impartido a cargo de Carolina Espinoza y Miguel Ángel González, de Meninas Cartoneras, primera editorial cartonera en España comprometida con el reciclaje y la cultura.
Y es que, tal y como afirmaba Ruiz Trueba en la presentación, "todo lo que sea cultura va a mejorar la sociedad". Por ello, desde la organización reunieron a diferentes artistas locales de “diferentes sensibilidades” para plantearles un reto: presentar un proyecto editorial realizado expresamente para este encuentro. El salón de actos del MECyL fue testigo de esta mesa redonda de 'Edición a la zamorana' que abrió Alberto Furket vía telefónica. Así, el fotógrafo presentó en sociedad sus “diarios negros”, cuadernos que compilan algunas de sus imágenes de “fotografía callejera” en blanco y negro y que no solo evocan emociones y recuerdos de "viajes de carretera" sino también de "viajes interiores”. En la misma línea, Romina y Marina Domínguez del estudio La puerta de la cabeza dieron a conocer su Fanzine: una publicación de periodicidad anual y temática variable en vías de creación que reunirá más de sesenta creaciones de ilustradores, poetas y artistas de todo el mundo y cuya primera edición está dedicada a los tabúes.
En la vertiente más plástica, la etnomusicóloga y amante de la novela gráfica Julia Andrés Oliveira sorprendió con sus maquetas en tres dimensiones ‘DOM’: pequeñas historias relatadas a modo de cómic con viñetas en relieve fabricadas con distintos materiales, muchos de ellos reciclados. Por último, Guillermo Alonso Muriel, licenciado en Bellas Artes y gerente del espacio Chachi&Chachi, desarrolló una escultura mosaico creada a partir de catálogos de arte. “Antes trabajaba en la difusión de arte contemporáneo y me llegaban catálogos de artistas que la verdad me aburrían bastante porque siempre eran los mismos textos, parecidos a los de los comisarios, muy crípticos; por ello decidí utilizar los catálogos para hacer otro libro”, explicaba.
Participantes y galería de imágenes.



