Unas 200 personas se reunieron ayer al atardecer en el parque de Olivares para asistir a la representación de 'Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva', que convirtió el escenario y su entorno en un espacio de memoria. Tras la suspensión de su estreno hace poco más de dos semanas por una intensa tromba de agua, la obra regresó finalmente a la ciudad de la mano de la compañía Proyecto 43-2.
Durante la función, María San Miguel, Alba Muñoz y Pablo Rodríguez se transformaron en médicos forenses inmersos en un proceso de exhumación de cadáveres de fosas comunes. A través de ese trabajo, la obra rescató simbólicamente durante hora y media las historias y los recuerdos de las personas represaliadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, en un relato que combinó emoción, experimentación y rigor documental.
Con Lorca como protagonista, la pieza, definida como un ejercicio de "teatro forense", es fruto de un año y medio de trabajo que va mucho más allá de la interpretación: una investigación histórica y científica junto al equipo de la Universidad de Granada que participa en las exhumaciones de las fosas comunes del Barranco de Víznar. Testimonios reales, documentos de archivo y una escena intimista y poética se unieron para abordar un asunto que para miles de familias españolas es una herida que aún no se ha cerrado.
Pero la representación no se detiene solo en Federico. También recupera las historias de otras víctimas de la represión, como Agustina González López 'La Zapatera' o el periodista Constantino Ruiz Carnero y otras figuras relegadas, cuyos asesinatos derivaron en décadas de olvido.
Junto al monolito dedicado a los represaliados por el franquismo en Zamora, el parque de Olivares acogió una obra que puso en el centro. Decenas de personas siguieron atentas el relato, para recordar a través del teatro y la cultura aquello que no debe olvidarse.



