En Zamora, donde cada pueblo conserva todavía en sus iglesias una parte del relato artístico de la provincia, la Diócesis ha decidido poner orden a lo que durante décadas ha quedado disperso: el patrimonio robado. La nueva plataforma reúne 355 casos de expolios cometidos en los últimos 50 años en templos, ermitas y parroquias del territorio diocesano.

El proyecto, desarrollado junto a la Fundación ZamorArte, nace con una doble intención: documentar con rigor lo desaparecido y abrir una vía de colaboración ciudadana que permita, si es posible, recuperar alguna de las piezas sustraídas. Cada ficha recoge la información disponible sobre el bien robado —descripción, fecha, lugar y contexto— y, cuando existe, imágenes de referencia.
La iniciativa pretende convertir en un único repositorio lo que hasta ahora eran expedientes sueltos, denuncias antiguas y recuerdos fragmentados de robos que marcaron a numerosos pueblos de la provincia. Porque en muchos casos no se trata solo de obras de arte, sino de elementos que formaban parte del día a día de pequeñas comunidades rurales.
En ese mapa de ausencias hay un nombre que sobresale por encima del resto: las tablas de Arcenillas. Cuatro pinturas del siglo XV atribuidas a Fernando Gallego que fueron sustraídas en 1993 de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
Las tablas de Arcenillas siguen siendo, más de tres décadas después, el gran caso abierto del patrimonio robado en Zamora. Formaban parte del antiguo retablo mayor de la Catedral y acabaron en esta localidad de Tierra del Vino, donde el conjunto se convirtió con el tiempo en una referencia del arte gótico hispanoflamenco en Castilla.
El robo se produjo en una noche de noviembre de 1993. Los autores forzaron el acceso al templo y arrancaron las tablas del retablo. Desde entonces, no han vuelto a aparecer ni han sido localizadas en ningún inventario público.
La nueva herramienta diocesana incorpora además sistemas de inteligencia artificial aplicados al reconocimiento visual. El objetivo es cruzar imágenes de piezas robadas con fotografías disponibles en Internet, catálogos de subastas, publicaciones especializadas o colecciones privadas con presencia digital. Una tecnología pensada para un problema antiguo: el rastreo de obras que desaparecen del circuito visible durante años o décadas.
En el caso de Arcenillas, el paso del tiempo no ha cerrado el expediente. El templo conserva hoy copias de algunas de las tablas originales, lo que permite mantener una referencia visual de las piezas sustraídas, aunque el rastro de las auténticas sigue sin aparecer.
La base documental no es solo un archivo: es una herramienta abierta a investigadores, especialistas, anticuarios y ciudadanos que puedan aportar datos o pistas sobre piezas desaparecidas. La Diócesis insiste en que la colaboración externa es clave en un patrimonio tan disperso y vulnerable como el religioso rural.
Las tablas de Arcenillas siguen sin volver a casa. Pero ahora, al menos, están integradas en un mapa común: el de todo lo que un día estuvo en las iglesias de Zamora y desapareció sin cerrar del todo la historia.




