Una línea ascendente que bien podría transformarse en un círculo, en un perfecto ejercicio de equilibrio entre mantener un bloque, sumar sólo lo necesario y de manera acertada, triplicar la masa social y la afluencia a los partidos, cambiar de pabellón como feudo de intensidad y asumir cada paso hacia adelante como un reto ante el que demostrar que lo normal es lo que va a ocurrir al día siguiente y no lo recorrido.
Así ha transcurrido el 2014 para el MMT Seguros, novato en plata, consolidado en plata, aspirante al ascenso y competidor aguerrido para aferrarse a su opción de lograr algo histórico. Día tras día, con firmeza propia de una sabiduría adquirida sobre la marcha para repetir los pasos, meses después, en la máxima categoría.
Pero el partido del sábado en Granollers le da una óptica diferenciadora, una vez más, un nuevo ejemplo de imposibilidad de preveer a un grupo sorprendente quizá hasta el punto de chocar internamente con el prejuicio con el que siempre afronta un deportista un partido. Ese círculo perfecto, de película con final feliz, adquiere una última transformación, en el último momento, en el último parcial, contra pronóstico. El Balonmano Zamora está acostumbrado a rehuir los moldes, a construir su camino sobre una idea nítida de lo que tiene que ser la vivencia del deporte como forma de vida.
Ahí es donde el círculo se convierte en cuadrado, donde lo lineal se expande. Y ocurrió en Granollers. Los expertos más avezados o los advenidizos a tesis y apuestas más recientes habían previsto un partido cómodo y placentero para los locales, con la mente en la Copa que se disputa el próximo fin de semana en León y el regusto dulce de la eliminatoria de Copa del Rey en Zamora.
Pero como ha ocurrido en otros tantos encuentros de esta temporada, los pupilos de García Valiente, fieles a su estilo e identidad, anotaron en tres ataques consecutivos para comenzar el partido por delante, poniendo sus cartas de juego sobre el Palau y advirtiendo que no ha llegado el día en que se conviertan en meros sparring para citas más grandilocuentes de su rival.
Después de que Granollers tratara de dominar el partido y adelantarse a los foráneos, un parcial de 0-6 entre el minuto 13 y el 22 mostró la primera advertencia seria para el equipo local de que hoy la historia del encuentro no se escribía con su tipo de letra. Tanto de lo mismo tras el descanso, un empuje de demostrar su superioridad en plantilla, ambiciones y presupuesto, que volvió a quedar lastrada por un colapso ofensivo propiciado por un nuevo acierto táctico del cuerpo técnico del Balonmano Zamora, estudioso minucioso de su rival cada jornada, que dio al traste con aquellos automatismos que habían servido a Granollers para ganar todos los partidos en su pista esta temporada y para lograr que los 20 goles anotados estuvieran más cerca del registro al descanso que de una paupérrima marca final.
En el minuto 15 de la segunda mitad, Valadao marcó el 20-19 y cuando el millar de espectadores que apoyaba a su equipo en la fabulosa instalación ya pensaba en despedir el año en Asobal con la victoria 12 de la temporada, los goles de Ceballos, Reyes en dos ocasiones y Octavio, terminaron de apuntular un contundente 20-24, que bien podría haber sido más abultado con el acierto que la falta de rotaciones y de chispa en momentos del partido le ha negado en las últimas jornadas al Balonmano Zamora.
¿Con qué quedarse ahora del 2014? El ascenso, frenar al Barcelona B, ganar tres partidos fuera de casa en Asobal, once puntos en la primera vuelta... y ganar a Granollers. Quizá lo mejor sea ser cautos y esperar, y quedarse con alguna de las infinitas metas aún complicadas de imaginar, que este grupo superará en 2015, y en 2016, y en...




