Minuto 94, el colegiado pitaba el final de la contienda y todo el Zamora se fundía en una piña. El ambiente, la tensión, la intensidad y el coraje que demostraron ambos equipos era propio de un partido de fase de ascenso y por eso la celebración de la victoria también recordó a la de los logros más importantes. La celebración de los jugadores era la de un equipo sencillo, humilde, formado por un grupo de amigos que se están dejando la piel por el escudo del Zamora y que trata de empatizar con la afición. Una afición, la del Zamora, tachada con asiduidad como una hinchada fría, pero que conectó, como no se recordaba en muchos años, con la plantilla de Roberto Aguirre.
El partido serio realizado por los zamoranos y el final de encuentro de infarto con un Zamora parando una y otra vez las acometidas del Real Oviedo, desembocaron en una explosión final de júbilo. Una celebración en un duelo que da tres puntos, como muchos otros conseguidos hasta ahora, pero que tenían un significado especial. Y es que el ambiente que envolvió el choque y la entidad del rival hacía que la victoria tuviera un sabor mucho más dulce.
La afición, esta vez, se mostró como un aliado constante de su equipo. Repuso a Nico tras fallar un penalti, ayudó a Hugo tras errar una doble ocasión y empujó en sus intervenciones a un Imanol estelar que terminó el choque coreado por la hinchada rojiblanca. La marcha fúnebre de Thalberg volvió a resonar en el Ruta después de mucho tiempo y eso siempre es sinónimo de buenas noticias
Al final, con la victoria, los seguidores agradecieron el trabajo que está haciendo un grupo de jugadores que sin tener el dinero como principal referencia (teniendo en cuenta que es la plantilla más barata de la época moderna) están demostrando, pundonor, respeto, ilusión y coraje por salvaguardar el honor del escudo del Zamora.



