Hace más de cincuenta años, los jóvenes más pobres de la región de Caracas, tuvieron la oportunidad de cambiar su futuro. Su salvación, el deporte, su ilusión, el fútbol. Las calles de la ciudad venezolana, fueron testigo de la confianza con la que los niños jugaban el esférico, de la sonrisa y la fuerza con la chutaban el balón para rematar en la improvisada portería.
Lo único que podían perder, los pequeños jugadores, era el encuentro. Sin bienes materiales y si un futuro certero, se divertían sin preocuparse por su devenir. Dentro de este contexto pobre, pero rico de espíritu, un ciudadano español aterrizó en Venezuela. El entorno infantil de su comunidad causo tal impacto en él que fundó el Catia C.F como oportunidad de futuro.
La educación, la formación y el deporte se erigen como los valores fundamentales de este club futbolístico. Carlos Costa, actual presidente del club, comenzó con la aportación económica hace más de treinta años. “La situación actual de Venezuela, empuja a los jóvenes a caer en el narcotráfico y en los atracos como forma de conseguir dinero fácil. Es una tarea muy difícil conseguir motivarles con el fútbol cuando no van a ganar dinero”, explicaba el presidente del Catia F.C.
Lo que comenzó como una labor social, reúne a día de hoy a más de tres mil jóvenes en Venezuela. Con las aportaciones económicas suficientes para uniformar a los jugadores, la ilusión de jugar de manera profesional, es el motor que mueve a estos jóvenes. “Comprarme un coche nuevo no me saca una lágrima, ayudar a estos chales sí”, declaraba un emocionado Carlos Costa. La creación de un centro deportivo de alto rendimiento ya se ha puesto en marcha en el país. Cuatro campos de fútbol 8, un campo profesional, y una residencia para los chavales, son las próximas metas de este proyecto.
La crisis, social y económica, que vive actualmente el país sudamericano, coexiste con diferentes proyectos que versan en la necesidad de formar a los jóvenes. “Quizá Venezuela no pase por su mejor omento, pero nosotros aportamos nuestro granito de arena para que muchos jóvenes tengan un mejor futuro”, subrayaba Seferino Bencome, técnico del club.
Para todos estos jóvenes, el entrenamiento diario y los encuentros con distintos equipos suponen una mejor calidad de vida. Su preparación profesional no solo se centra en el ámbito físico y deportivo, los valores sociales que se les inculcan pretenden educarles desde el respeto y la cooperación. Bryan de Freitas, jugador del Catia C.F explicaba: “Entrenamos de una manera muy bonita, hay mucha armonía en el grupo y somos un club muy trabajador. El sueño de todo muchacho futbolista, y el mayor de los deseos del club, es llegar a primera división en el ámbito nacional venezolano.”
Los veinte jugadores, los seis técnicos deportivos y el presidente, han mostrado su sorpresa y agradecimiento a Zamora por el gran recibimiento, “llegamos ayer y ya hemos salido en la prensa, está siendo una experiencia muy bonita”, subrayaba Kenny Escalona, jugador desde hace dos años del conjunto venezolano. Más de cincuenta años separan las primeras pinceladas de esta gran labor social, con los sólidos cimientos que hoy sustenta a este club, cuya máxima no solo es el futbol, si no dibujar un futuro mejor para los más desfavorecidos.



