Hay ocasiones en las que el mayor éxito en una expedición no consiste en alcanzar la cima, sino en saber renunciar a ella. Eso es lo que ha ocurrido con Martín Ramos, que ha dado por finalizada su aventura en el Gasherbrum I (8.080 metros) después de semanas de aclimatación, espera y varios intentos frustrados por unas condiciones que nunca llegaron a ofrecer las mínimas garantías de seguridad.

El montañero zamorano lo comunicó con un mensaje tan breve como contundente: "Se acabó".
"Hoy iniciamos el regreso desde el CB, en tres días estaremos en Skardu", escribió en sus redes sociales antes de explicar los motivos de una decisión marcada exclusivamente por la montaña.
"Con las últimas nevadas sin estabilizarse, el riesgo de aludes en altura es máximo y el tránsito del campo base al campo I por el glaciar está prácticamente imposible", señala Ramos, que durante los últimos días permanecía junto a su equipo esperando una ventana de buen tiempo que nunca llegó.
La expedición había completado con éxito el proceso de aclimatación, alcanzando incluso el Campo II, a unos 6.400 metros, superando las importantes acumulaciones de nieve que dejaron las tormentas de julio. Sin embargo, cada avance de la montaña venía acompañado de nuevas nevadas que impedían consolidar el manto y disparaban el riesgo de avalanchas, obligando primero a regresar al campo base y, finalmente, a cancelar cualquier opción de ataque definitivo a la cima.
La dureza de la temporada queda reflejada en otra frase del propio montañero: "Que sepamos no se ha logrado ninguna cumbre en el Karakórum".
Una afirmación que resume la excepcionalidad de un verano en el que la nieve ha convertido algunas de las montañas más altas del planeta en un territorio prácticamente inaccesible.
La expedición suponía el regreso de Martín Ramos a los grandes ochomiles cinco años después de coronar el Manaslu. El objetivo era sumar el Gasherbrum I a un historial que ya incluye diez montañas por encima de los 8.000 metros, un proyecto que llevaba tiempo esperando recuperar y que, finalmente, tendrá que aplazarse una vez más.
Lejos de la frustración, el zamorano cerró su despedida con una frase que refleja la filosofía del alpinismo de altura: "Otra vez será. Nos vemos por Zamora".

Porque en las grandes montañas, alcanzar la cima siempre es opcional. Regresar con vida nunca lo es.




