El Zamora brilló en la primera parte y se hundió en la segunda. La diferencia de categoría y de puesta a punto quedó patente en los segundos cuarenta y cinco minutos. Y es que desde el primer instante tras la reanudación el Real Valladolid apabulló a los rojiblancos. Antes, en la primera, la afición local se divirtió con un Zamora con chispa, talento, trabajo, mucho juego por bandas y un gol que daba ventaja a los de Balta al paso por los vestuarios en el Memorial Agustín Villar.
El técnico charro arrancaba con algunos cambios. Cristian partía de inicio como central. El zamorano, que habitualmente ejerce como centrocampista de contención, cuajó noventa minutos de valladar defensivo y por momentos demostró que puede adaptarse a esa posición gracias a su buen estado de forma. A partir de ahí, pocas novedades en un once que fue muy peligroso por las bandas con Manu Moreira y Coque que fueron protagonistas del juego de ataque. Gracias a eso llegaron las mejores ocasiones del Zamora. De hecho, una de ellas terminó en gol.
Un centro de Manu Moreira desde el costado derecho acabó siendo rematado de manera soberbia por David Álvarez a la escuadra de la meta pucelana. Antes, el colegiado había anulado una diana del Real Valladolid. Y es que los blanquivioletas estaban incómodos sobre el terreno de juego, no terminaban de carburar y se les atragantaba la presión asfixiante del Zamora. Pero a medida que pasaban los minutos el Zamora iba bajando el rendimiento y el Valladolid no terminaba de desperezarse.
Llegaba el descanso y los aficionados se iban con un buen sabor de boca por la victoria momentánea y por el buen juego. Los hinchas dieron su visto bueno a un equipo que plantó cara a uno de los planteles que está llamado a estar peleando por ascender a la Primera División.
Pero el descanso le sentó muy mal al Zamora. Los jugadores salieron de vestuarios entumecidos, con muchos problemas para ganar las disputas, las carreras y la fatiga empezaba a mermar a los futbolistas. De hecho, en los primeros quince minutos de la segunda parte el Real Valladolid anotaba tres dianas para ponerse 1-3. A partir de ahí ya no hubo partido. Los zamoranos eran incapaces de pasar del centro del campo y el Real Valladolid jugaba más cómodo y suelto. Una situación que le permitió llegar al final del duelo con el definitivo y abultado 1-6. Un resultado que le permitía al Real Valladolid llevarse para casa el trofeo del II Memorial Agustín Villar.



