La depresión no siempre se presenta con tristeza evidente. En ocasiones, se manifiesta a través de cambios en el comportamiento, falta de energía, alteraciones del sueño o pérdida de interés por actividades que antes resultaban gratificantes. Unas señales que pueden pasar inadvertidas tanto para quien las experimenta como para su entorno y que los especialistas consideran importante identificar para facilitar una valoración profesional.
El jefe del servicio de Salud Mental del Hospital Blua Sanitas Valdebebas, Carlos Atef Harkous, explica que reconocer un posible episodio depresivo puede resultar complejo cuando el malestar se confunde con estrés, cansancio o molestias físicas sin una causa médica clara.
Entre las manifestaciones que pueden acompañar a la depresión figuran la pérdida de interés o de capacidad para disfrutar, la falta de energía, los cambios en el apetito, los problemas de concentración y las alteraciones del sueño. Por ello, los expertos recomiendan prestar atención a la persistencia de estos síntomas y al impacto que tienen en la vida cotidiana.
Harkous subraya que es importante observar si los cambios se mantienen durante dos semanas o más y afectan a las relaciones personales, la vida familiar, el entorno social o el trabajo. También aconseja fijarse en las diferencias respecto al comportamiento habitual de cada persona, en lugar de valorar una señal de forma aislada.
Dejar de proponer planes, responder cada vez menos a los mensajes, abandonar aficiones o mostrar indiferencia ante acontecimientos que antes despertaban ilusión son algunos de los cambios que pueden servir de alerta cuando se prolongan en el tiempo.
Las señales que pueden pasar inadvertidas
La psicóloga de Blua de Sanitas Virginia del Palacio señala que algunas manifestaciones aparecen en acciones cotidianas aparentemente sencillas. Posponer decisiones habituales, como elegir qué comer o responder a un correo electrónico, puede ser una de ellas cuando supone un cambio respecto al funcionamiento habitual de la persona.
También conviene prestar atención a una interpretación cada vez más negativa de los propios errores, a la reducción progresiva de los objetivos personales y a una visión pesimista del futuro. En estos casos, algunas personas pueden empezar a sentir que sus esfuerzos sirven de poco o anticipar que las cosas saldrán mal.



