"Aunque mi color es expresivo pero no habla, la poesía es la que habla por el color. La poesía es un color más". Enrique Seco San Esteban nació en Zamora en 1938 pero mantiene una lucidez y una agilidad mental envidiable y admirable. En él conviven y se complementan el pintor y el poeta, ambos confluyen en un humanista que disfruta de la vida con tranquilidad en su casa de Carrascal, esa que está situada en una calle que lleva su nombre, que le ofrece el placer de disfrutar del renocimiento, más que merecido, en vida.
Abre con amabilidad la puerta a Zamora24horas de la que es su casa y, al tiempo, su estudio, su lugar de trabajo y el improvisado almacén en el que protegidos con mimo aguardan los cuadros, "unos ochenta", que a partir de mañana se podrán ver en la galería de arte Espacio 36, en la nueva exposición de Seco San Esteban.
"La gente va a poder ver el recuerdo latente que tengo de mi vida vinculada al río, mi adolescencia, mi juventud, todo lo que he vivido allí, pescando, bañándome, oliendo el perfume de la ropa que se lababa allí y se secaba en la pradera y disfrutando de unas vistas maravillosas de la ciudad", explica el artista sobre una parte de la exposición.
La otra mitad de la muestra está destinada a la otra gran influencia en la trayectoria de Seco San Esteban, "la pintura rural, los bodegones, las imágenes de la vida pausada en el campo". Todos los cuadros realizados en los dos últimos años, de manera prolífica, por este hombre que mantiene sus costumbres, sus rutinas, al que el reconocimiento del Premio Castilla y León de las Artes 2010 no cambió "nada en absoluto", que hace gala de una humildad que queda patente en cada reflexión, en la manera en la que trata a aquellos que se acercan a él. "Lo más importante es que todos seamos felices, que es algo que cada vez se está poniendo más complicado con esta crisis, pero es lo que pienso, que debemos de corresponder a los demás con un buen trato y es lo que intento".
Entre gallinas e higueras, la charla con Seco San Esteban transcurre apacible, en una balsa de tranquilidad en la que él se siente especialmente pleno con la compañía de su hija Olga y su nieta Yasmine, ante las que brilla la sonrisa.
La amabilidad llega hasta el final de la entrevista, cuando el anfitrión no nos despide desde el marco de la puerta sino que nos acompaña hasta el coche, "porque es algo que lo hago hasta con el que viene a hacer la revisión del gas y me mira extrañado, me dice que eso no lo hace nadie, pero yo creo que hay que ser amable siempre, no sólo hasta la puerta".
"Bella época pictórica y poética que ya nunca volverá, yo la conocí y la viví de niño, adolescente e incluso adulto, hasta que llegó otra nueva filosofía de vida y esta desapareció como desaparece la niebla con el sol", escribe el artista en el catálogo que acompaña a la exposición. Los quieran ver lo que queda de aquellos recuerdos plasmado en la pintura de Enrique Seco San Esteban, pueden hacerlo en Espacio 36 hasta el 5 de noviembre.



