El Día de Todos los Santos marca como es habitual un momento de recuerdo a los seres queridos que ya no están. Y mientras los cementerios se llenan de personas que se acercan a visitar a sus difuntos, las floristerías se encuentran a pleno rendimiento en los días previos.
En Zamora, afrontan una de las semanas de mayor actividad con motivo de esta fecha tan señalada en su calendario, cuando el trasiego de clientes multiplica el trabajo. "Se puede triplicar perfectamente el volumen habitual", explica Marta, dueña de una floristería de la ciudad, que calcula que en su negocio pueden acumularse más de 400 encargos diarios, y cada uno de ellos puede incluir varios centros florales.
Montse, propietaria de otro negocio de flores, coincide con el auge que viven en estas fechas, aunque matiza que vender más no significa necesariamente ganar más. "Al revés", apunta. El movimiento de un lado a otro de tantas flores provoca roturas y obliga a desechar algunas plantas, además de dedicar muchas horas a la preparación de todos los centros y ramos. Aun así, asegura que mantienen el servicio especial dedicado a Todos los Santos por la fidelidad de una clientela que acude al negocio desde hace décadas. "Esta mujer que sale ahora, con 96 años, y lleva viniendo toda la vida", indica la florista con una escena que refleja el arraigo de las costumbres.
Una tradición que sigue especialmente vigente en Zamora. Gracias a lo que le cuentan clientes y compañeros de profesión de otras ciudades, Montse puede confirmar que las ciudades pequeñas como esta conservan mejor el acto de llevar flores al cementerio el 1 de noviembre. Y es que en algunos establecimientos de las grandes urbes llegan a cerrar porque esta práctica ya se ha dejado atrás.
Cada establecimiento tiene su sistema propio de trabajo para estos días. Mientras Marta anima a los clientes a reservar con antelación, en el negocio de Montse han optado por no aceptar reservas y preparar y elegir junto a los clientes, de forma directa, el centro o ramo que más se adecúe a sus preferencias.
Los centros florales son una de las opciones más demandadas debido a su comodidad y duración. "Es mucho más fácil colocarla en el cementerio", explica Marta. Al mantenerse en agua, un centro puede durar alrededor de un mes, mientras que un ramo colocado sobre la lápida apenas aguanta unos días, dependiendo de las condiciones meteorológicas que se den.
En cuanto a las variedades de flores elegidas por los clientes, el crisantemo ocupa un lugar destacado al tratarse de una flor económica, propia de la época y con diferentes variedades. Sin embargo, la oferta va mucho más allá. Apunta Marta que "el clavel tiene mucha importancia por durabilidad", aunque también se trabaja con rosas, margaritas, calas, gladiolos, lirios y otras muchas especies. En muchos casos, los tonos otoñales y la variedad de composiciones permiten adaptar cada encargo a los gustos de las familias y al recuerdo que quieren rendir a sus difuntos.
Sin embargo, detrás de las flores y del intenso ritmo de trabajo de estas jornadas maratonianas de finales de octubre, hay una dimensión emocional que acompaña a quienes están detrás del mostrador. Marta reconoce que son días de mucho desgaste porque "te empapas un poco de la pena de todos". En la tienda, la compra se mezcla con las historias personales, los recuerdos y las despedidas que, en ocasiones, resultan muy difíciles.
La cercanía que aportan estos comercios locales Montse la resume así: "En las tiendas tenemos que tener un máster en psicología". Explica que, en una pequeña ciudad como Zamora, los floristas conocen a muchas familias tras años de trato. Saben a quién han perdido, su historia y cuánto tiempo llevan acudiendo a la tienda. Por eso, tras esa entrega del ramo hecho con el mayor cariño posible, hay una relación de escucha y de confianza.
Una labor más discreta que la propia venta, pero que convierte a las floristerías por estas fechas en parte fundamental de mantener vivo el recuerdo de quienes ya no están.



