La vuelta al cole no espera a septiembre, algo que se puede comprobar desde hace unas semanas al entrar en cualquier librería de Zamora. En estos últimos días de vacaciones de verano, los mostradores y almacenes de estos establecimientos acumulan bolsas con libros ya preparados y las familias hacen cuentas para afrontar un gasto importante pero necesario en la economía doméstica.
Algunos padres llevan semanas, desde que finalizó el curso anterior, con los deberes hechos. Otros esperan hasta el último momento, pendientes de conocer qué libros recibirán a través del programa RELEO. Y así se afronta un año más un momento clave, en pleno proceso de transformación que va mucho más allá del precio de los libros.
"Lo tenemos prácticamente todo preparado", aseguran desde la Librería Jambrina, donde los paquetes de libros ya dispuestos para los alumnos que regresarán a las aulas en breves ocupan distintos rincones del local. Allí exponen que la mayoría de los clientes se adelanta, ya que dejar las compras para septiembre puede traer problemas: "A última hora suele haber la falta de algún libro de distribuidoras concretas porque las existencias se agotan". Sin embargo, en Machado sí que notan ahora el tirón de los más rezagados. "A partir de la última semana de agosto empieza a venir la gente a buscar material", cuenta una de las trabajadoras.
El calendario no es igual para las familias. Hay colegios que ya han comunicado qué libros reciben sus alumnos y otros que mantienen la incertidumbre, al igual que aquellos libros que parecen resistirse a llegar a tiempo. Los libros de Música o Religión han protagonizado estos últimos cursos esas esperas, aunque los pedidos suelen llegar con rapidez: "Si están disponibles, en 24 o 48 horas después del encargo los tengo aquí".
El precio de los libros, en el punto de mira
Pero la gran conversación que año a año concentra esta época es la del precio. Y aquí las opiniones de los libreros difieren. En Jambrina calculan que el libro de texto puede haber incrementado su precio entre un 5 o un 10% en el último año, mientras que en otras hablan de incrementos más contundentes: "Entre 50 y 100 euros han subido algunos, dependiendo de la editorial", exponen en Machado, donde aseguran que un lote completo puede superar los 400 euros en determinados cursos.
Pero frente a la percepción de que los libros se han convertido en uno de los grandes símbolos del encarecimiento en este periodo de inflación, en Mil hojas cuestionan que la subida sea tan elevada como se transmite. Una de sus responsables sostiene que el libro de texto ha quedado atrapado en la mala publicidad de que suponen un gran gasto. "¿Qué es lo realmente caro? ¿Aquello que nos satisface o aquello que nos ayuda a ser personas?", reflexiona en una clara defensa de la educación frente a otras compras como productos tecnológicos en las que, advierten desde el establecimiento, el cliente no se fija tanto en el precio.
En Jambrina comparten esa sensación de estar bajo el foco. "Estamos demonizados", lamentan mientras señalan que "los libros siempre han costado muchísimo". No obstante, reivindican que se trata de un producto indispensable para la educación de niños y jóvenes. El debate que ponen los libreros sobre la mesa va, por tanto, mucho más allá del precio, sino de cómo se compara ese gasto y su incremento de precio con el de otros desembolsos.
La batalla por la venta de libros de texto
El problema para las librerías, además, no está solo en la factura que pagan las familias, sino también en quién se queda con esa venta. "Cada año van a menos los libros de texto", afirman en Mil hojas. Amazon, el mercado de segunda mano, las licencias digitales y los propios centros educativos van comiéndole terreno al comercio tradicional. "Es una competencia que a nosotros nos viene mal", expresa la encargada de la Librería Semuret, mientras deja claro que el volumen de pedidos ahora es "muchísimo menor" que años atrás.
La explicación en este caso también es económica. Los libreros sostienen que los colegios —en especial los privados y concertados— pueden obtener condiciones de compra que una librería independiente es incapaz de igualar. "El descuento es tremendamente superior al que le hacen a un librero", aseguran en Mil hojas en referencia a las editoriales. Esa diferencia es la que posibilita que el centro ofrezca los libros a un precio menor. "Unos 20, 30 o 40 euros son una diferencia enorme" que para familias con varios hijos puede ser decisiva a la hora de tomar la decisión para saber dónde comprar los libros, tal y como explican desde Semuret.
Mientras tanto, las familias buscan fórmulas para contener el gasto. Por un lado, el RELEO, que es el programa institucional de gratuidad y préstamo de libros que gestiona la Junta; pero también el reciclaje del material escolar. Los centros suelen especificar el material para los más pequeños —en Primaria y especialmente en Infantil—, incluso con las marcas concretas que se precisan, mientras que los mayores suelen reutilizarlo más.
El material escolar, por norma general, no ha seguido la misma evolución que los libros. Los precios de pinturas, rotuladores y otros productos se mantienen prácticamente estables curso tras curso. No es el caso del objeto que guarda todos estos productos, la mochila, que vivió un gran salto de precio el año pasado. Algunos modelos llegaron a situarse entre los 50 y los 70 euros. La compra de estos productos es más personal: en las librerías y papelerías exponen que hay clientes más contenidos que reutilizan todo lo posible, y otros que estrenan mochila cada septiembre.
La vuelta al cole está, por tanto, cada vez más planificada y fragmentada. Familias que dejan todo resuelto antes de irse de vacaciones y otras que lo dejan para los últimos días. Alumnos que reciben los libros de texto mediante programas de reutilización y otros que compran el lote completo. Y las librerías, mientras preparan todo lo necesario para equipar el regreso a las aulas, miran de reojo a los competidores, que cada año adquieren más fuerza.
En Semuret destacan que "nuestros clientes son bastante fieles". Una fidelidad clave para unas librerías que siguen apostando por los libros de texto, aunque la vuelta al cole en estos negocios ya no garantice el volumen de ventas de años atrás.



