El Centro de Apoyo al Menor es uno de los programas que sustenta Cáritas y que presta un servicio de apoyo a los niños más desfavorecidos de la capital. Cuenta con dos sedes, una en Peña Trevinca y otra en Los Bloques. También existe otro espacio similar en Fermoselle. La organización, a través de sus colaboraciones, da cobijo a varios trabajadores en cada uno de estos puntos, pero la demanda está por encima de lo que puede ofrecer Cáritas con su capacidad económica.
Por eso, el papel de los voluntarios, lejos de ser residual, alcanza la categoría de primordial. Concretamente, en la sede de Los Bloques, cerca de medio centenar de chicos y chicas, de entre seis y doce años, acude cada tarde al Centro. Allí estudian, reciben ayuda con los deberes, meriendan y cuentan con ratos de ocio que utilizan para jugar. Los responsables del servicio aseguran que sería necesaria, "prácticamente, una persona por niño". Los trabajadores son cinco.
Por eso, el hecho de que treinta voluntarios presten su tiempo para colaborar con estos niños desfavorecidos constituye un elemento decisivo en la calidad del servicio puesto en marcha por Cáritas. Cada uno, cuando su tiempo se lo permite, de forma más o menos regular, todos ellos acuden al Centro para "realizar la labor que puedan. A unos se les da mejor ayudar con los deberes, otros con los juegos; hablan con ellos, les escuchan...", explica Tamara, la responsable principal, que expresa constantemente su gratitud hacia todos ellos.
Aun así, no deja de reclamar más apoyo. "Siempre necesitamos ayuda", recalca. A pesar de que la crisis no solo no ha echado para atrás a nadie, sino que ha provocado "un auge" en el número de voluntarios, "nunca es suficiente". Tanto este como otros programas de Cáritas y de otras asociaciones y oenegés buscan ayuda: "Les necesitamos", zanja Tamara.




