España vuelve a una final del Mundial. Dieciséis años después de tocar el cielo en Sudáfrica, la Roja tendrá otra oportunidad de conquistar el planeta tras superar a Francia en una semifinal en la que supo controlar, sufrir cuando tocaba y golpear con una enorme contundencia.
La selección de Luis de la Fuente dejó en el camino a uno de los grandes favoritos al título. Ni Mbappé, ni Dembélé ni todo el arsenal ofensivo francés pudieron derribar a una España seria, madura y tremendamente fiable, que entendió el partido desde el primer minuto y castigó los errores de los ‘Bleus’.
España sabía perfectamente dónde estaba el peligro. Francia quería correr, encontrar espacios y activar a Mbappé con metros por delante. La Roja eligió justo lo contrario: calma, posesiones seguras y máxima atención tras pérdida. El balón era también una forma de defenderse del vértigo francés.
El partido cambió en el minuto 20. Lamine Yamal apareció por sorpresa en el área y Digne, ajeno a la llegada del extremo, le golpeó en su intento de despeje. Iván Barton señaló el penalti y Mikel Oyarzabal tomó la pelota.
El delantero de la Real Sociedad volvió a demostrar que no le pesan los grandes momentos. Su lanzamiento, potente y a media altura, superó a Maignan para firmar su quinto gol en el Mundial y poner a España por delante.
Francia se vio abajo en el marcador por primera vez en todo el torneo y no encontró una respuesta inmediata. La lesión de Saliba agravó los problemas de Deschamps y España continuó manejando el encuentro con una extraordinaria solvencia defensiva.
La Roja pudo ampliar su ventaja antes del descanso. Un error de Maignan en la salida permitió a Baena conectar con Dani Olmo, que se apoyó en Lamine antes de encontrar a Fabián. Upamecano apareció cuando el centrocampista español ya amenazaba con el segundo.
España perdonó el 0-2, pero nunca perdió el control.
Francia apenas encontró a Mbappé. Cuando lo hizo, Unai Simón apareció con una salida rapidísima para cortar un balón profundo que dejaba al capitán francés en una situación muy peligrosa. El guardameta español apagó el mayor incendio de una primera parte dominada desde la inteligencia.
Deschamps trató de cambiar el escenario tras el descanso. Koné entró por el amonestado Rabiot y Doué añadió más talento al ataque francés. Los ‘Bleus’ necesitaban agitar la semifinal.
Pero el golpe volvió a darlo España.
Pedro Porro firmó una jugada extraordinaria para acercar definitivamente a la Roja a la final. El lateral participó en una magnífica salida ante la presión francesa y tuvo piernas para terminar la acción en el área rival. Dani Olmo leyó su incorporación, dibujó una pared magnífica y dejó al extremeño en posición de definir.
Porro no perdonó. Control, calidad y remate ante Maignan para desatar la locura española en Dallas. Su segundo gol en este Mundial valía mucho más que un 0-2. Era el golpe que dejaba a Francia contra las cuerdas.
España incluso llegó a celebrar el tercero. Lamine Yamal volvió a batir a Maignan, aunque un ajustado fuera de juego anuló el tanto. La Roja olía la final y Francia empezaba a jugar únicamente desde la urgencia.
Mbappé asumió entonces todo el peso ofensivo de los suyos. El capitán francés trató de inventarse el gol desde la izquierda con un potente disparo escorado, pero Unai Simón metió las manos y volvió a cerrar la puerta.
Francia tiró de talento individual porque nunca encontró una respuesta colectiva. España, en cambio, volvió a ser un equipo. Esa fue la gran diferencia de la semifinal.
La Roja defendió su ventaja y certificó una clasificación histórica. España está en la final del Mundial. Otra vez. Después de la gloria de Johannesburgo en 2010, una nueva generación tendrá la oportunidad de bordar otra estrella en la camiseta.
Dallas ya forma parte de la historia. Ahora queda una última batalla. El 19 de julio, España volverá a jugar por ser campeona del mundo.