Durante cinco años reunieron dinero para poder hacerlo. El 5 de octubre de 1915, cerca de 200 vecinos de Tábara acudieron a una notaría de Zamora para convertir aquel esfuerzo en una escritura de 63 páginas. Del otro lado estaba Agustín Alfageme Pérez, propietario vecino de Madrid, que vendió un extenso conjunto de bienes y derechos repartidos por el término municipal.
No fue una compraventa cualquiera. Los vecinos estaban adquiriendo casas, tierras, montes, huertas, prados y edificios, pero también derechos que durante generaciones habían condicionado la propiedad de esos bienes. La operación ascendió a 65.844,40 pesetas y fue formalizada ante el notario Secundino Izarra Urturi.
La documentación histórica no ofrece una única cifra para el número de compradores en todos los lotes de la operación. Una reconstrucción del proceso cifra en 187 los vecinos participantes, mientras otras fuentes manejan cifras ligeramente diferentes. Lo que sí está claro es la dimensión colectiva de la compra y el esfuerzo que hubo detrás de ella.
Una compra que empezó cinco años antes
Los vecinos no llegaron a la notaría aquel 5 de octubre sin más. La operación había comenzado a prepararse cinco años antes, en un contexto de conflicto por la propiedad de las tierras y los derechos que pesaban sobre ellas.
El patrimonio que salió a la venta era considerable. Entre los bienes figuraban el denominado Palacio de Tábara, las dependencias del antiguo convento de los dominicos y su iglesia, huertas, jardines, prados y distintos montes.
También estaban El Encinar y Majada Sardón, La Folguera, Las Fuentes y Bosques y Los Carrascales, además de otras tierras y propiedades repartidas por el término.
La compra no significó que todos los vecinos recibieran exactamente lo mismo. Los bienes fueron distribuidos en distintos lotes y adjudicados entre los participantes. Algunas propiedades quedaron en manos de compradores individuales y otras pasaron a ser compartidas entre varios de ellos.
El monte del Encinar y Majada Sardón, por ejemplo, fue dividido entre vecinos de Tábara y habitantes de localidades próximas. La escritura permite seguir la operación casi parcela por parcela.




