Hay despistes que se recuerdan toda la vida y que, con los años, acaban convirtiéndose en una anécdota para contar con una sonrisa. Es lo que le ocurrió a una feligresa que, cuando era niña, se puso tan nerviosa al saludar al obispo que terminó confundiendo el saludo: «¡Viva el gobernador!», exclamó en lugar de «¡Viva el obispo!».
La mujer recordó aquel momento durante la visita pastoral de Fernando Valera a Samir de los Caños, en un encuentro con los vecinos de la localidad. Y el obispo no dejó pasar la oportunidad de seguirle el juego con una respuesta que resolvió la confusión con humor: «Soy el gobernador de la diócesis».
La anécdota puso la nota más desenfadada a una jornada en la que el prelado recorrió Arcillera, Ceadea y Samir de los Caños, dentro de la Unidad Pastoral de Fornillos, coincidiendo con la festividad de Santa Teresa de Jesús.
La visita comenzó en la iglesia de San Pedro Apóstol de Arcillera, con una oración por la salud del papa León XIV. En Ceadea, Valera conoció la iglesia de San Saturnino, con sus restos románicos y tallas renacentistas, y la capilla de la Virgen del Rosario, cuya imagen, obra de Juan de Montejo, despertó su interés. Durante el encuentro con los vecinos, también surgió una preocupación compartida: la seguridad de los templos y la conservación de su patrimonio.
En Samir de los Caños, el obispo admiró el artesonado renacentista de la iglesia de San Juan Bautista y rezó por los difuntos en el cementerio. Después, presidió una misa en la ermita del Cristo de la Ribera, en la que participaron alrededor de cincuenta vecinos.
La jornada sirvió también para agradecer los 25 años de servicio pastoral de Pablo Cisneros, que se ha jubilado este año. El relevo queda ahora en manos de José Alberto Sutil y del diácono permanente José Ramón Rodríguez.



