La apertura de la veda del simbolismo en toda regla quedó abierta al día siguiente de Navidad en cuatro localidades emblemáticas de la provincia de Zamora por lo que a mascaradas de invierno se refiere: Sanzones vivió su conocidísimo Zangarrón; Ferreras de Arriba, la Filandorra; Pozuelo de Tábara, su Tafarrón, y Villarino Tras la Siera, los Zamarrones.
Durante todas las fiestas navideñas e, incluso, en ciertos momentos del verano, por necesidades de la propia logística, la provincia de Zamora da rienda suelta a esa expresión a medio camino entre lo religioso y lo taumatúrgico, entre el bien y el mal y entre lo sagrado y lo profano, que han hecho de estas tierras uno de los destinos más llamativos para los aficionados y curiosos. De hecho, las instituciones públicas vuelven cada vez más sus ojos hacia las mascaradas, conscientes del tremendo potencial que atesoran como recurso turístico y para el desarrollo rural.
Al margen de lo que queda por celebrar hoy y mañana de El Tafarrón de Pozuelo de Tábara, las fiestas navideñas quedan marcadas por media docena más de mascaradas de invierno.
La acumulación de cuatro festejos el día 26 de diciembre se repite el primer día del año con la confluencia de mascaradas en Abejera, Riofrío de Aliste, Sarracín de Aliste y Montamarta. Así, Abejera vive Los Cencerrones; Riofío de Aliste, Los Carochos; Sarracín de Aliste, Los Diablos, y Montamarta, la primera edición del conocidísimo Zangarrón, que se repetirá, con otro protagonista escogido en el pueblo, el día 6 de enero.
Además, San Martín de Castañeda vive la víspera del día de Reyes, la popular mascarada de La Talanqueira.




