Pereruela volvió a convertir este sábado su Plaza Mayor en un escaparate de la cultura tradicional de Sayago. Las 250 sillas colocadas para el III Festival de Folklore Caolín no fueron suficientes y parte del público tuvo que seguir de pie las actuaciones de Los Alfares y de los grupos invitados, en una tarde en la que la música, los trajes tradicionales y la solidaridad compartieron protagonismo.
El festival, organizado por el Grupo de Baile Los Alfares, arrancó con un pasacalles en el que estuvieron presentes el Ramo del Ofertorio, la Vaca Antrueja y sus personajes y las Águedas de Pereruela. Durante el recorrido se repartieron más de 500 periquerillos acompañados de vino entre los asistentes.
La Vaca Antrueja, recuperada por Los Alfares y reconocida este año con el Premio Tierras de Zamora al Patrimonio Cultural de la Diputación de Zamora, volvió a poner el toque más singular al desfile junto al obispillo, el sembrador, el gañán, el pelele, los danzantes y el músico.
La Plaza Mayor acogió después las actuaciones de la Asociación Cultural de Danza Yerbabuena de Villacastín (Segovia), la Asociación Cultural Sietemancas Amigos de Simancas (Valladolid) y el grupo anfitrión, Los Alfares de Pereruela.
Yerbabuena, fundada en el año 2000, y Sietemancas, con una trayectoria iniciada en 1979, compartieron repertorio con Los Alfares, agrupación creada en 2015 y especialmente vinculada a las tradiciones propias de Pereruela, como el Ofertorio y la Vaca Antrueja.
La música de Mario y Carolina, habituales ya en esta cita, acompañó también la jornada y puso banda sonora a las actuaciones y al encuentro entre las tres agrupaciones.
Un jamón de 4,235 kilos por una causa solidaria
El otro protagonista de la tarde fue un jamón. La organización había planteado un reto solidario para recaudar fondos destinados a las personas afectadas por los incendios que este verano golpearon la comarca de Sayago.
Por una aportación mínima de dos euros, los participantes tenían que intentar adivinar cuánto pesaba la pieza. El resultado se conoció al final del festival, cuando el jamón subió a la báscula: pesaba exactamente 4 kilos y 235 gramos.
El participante que más se aproximó fue Carlos R. A., que se llevó la pieza a casa. Pero el objetivo principal estaba en otro lado: las aportaciones realizadas para participar fueron destinadas íntegramente a la causa solidaria.
La iniciativa convirtió el jamón en uno de los elementos más comentados de una tarde en la que la tradición y la ayuda a los afectados por los incendios compartieron espacio en la plaza.
El festival también sirvió para reconocer la colaboración de voluntarios, alfarerías, empresas y particulares, así como del Ayuntamiento de Pereruela y la Diputación de Zamora.
La jornada terminó con una cena de hermandad entre participantes y colaboradores, prolongando un encuentro que, en apenas tres ediciones, ha convertido el Festival Caolín en una de las citas del folclore de la localidad.
El nombre del festival hace referencia al barro blanco ligado a la tradición alfarera de Pereruela, pero la cita ha ido ampliando su contenido hasta reunir música, danza, indumentaria, gastronomía y solidaridad en torno a la cultura popular de Sayago.



