Hay pueblos donde las discusiones importantes empiezan mucho antes de que alguien levante la voz. En Sanzoles, desde hace meses, el debate gira alrededor de una máscara, unas cenceras y una tradición que cada Navidad vuelve a recorrer las calles del municipio. El Zangarrón, una de las mascaradas más reconocibles de Zamora, se encuentra ahora en el centro de una controversia relacionada con su representación, la custodia de sus enseres y el papel de las instituciones en su conservación.
El desencadenante más reciente fue la ausencia del Zangarrón de Sanzoles en el desfile de mascaradas celebrado en Madrid, una situación que evidenció discrepancias ya existentes entre vecinos, personas vinculadas históricamente a la tradición y el Ayuntamiento.
En ese contexto, el Consistorio publicó en su portal web una consulta pública previa para la elaboración de una ordenanza municipal reguladora “de los enseres y de la función tradicional del Zangarrón de Sanzoles”. El documento señala como objetivo evitar posibles “descontextualizaciones o distorsiones” de la función y plantea regular aspectos relacionados con la custodia, conservación, uso y transmisión de los elementos vinculados a la mascarada.
El texto municipal recuerda además que el 26 de diciembre de 1955 Melitón Fernández Ganado realizó una donación de enseres y ropas destinados a la función tradicional del Zangarrón, quedando bajo custodia y supervisión de la Alcaldía. Según el Ayuntamiento, este antecedente forma parte del proceso de transmisión patrimonial de la tradición y justifica la necesidad de establecer un marco regulador para su preservación.
La publicación de la consulta, sin embargo, provocó nuevas críticas desde perfiles vinculados al Zangarrón. A través de redes sociales se denunció que personas relacionadas con la tradición no habían sido informadas previamente de la iniciativa y se cuestionó el plazo establecido para presentar aportaciones. En esos mensajes también se reprochaba el silencio de la Asociación Amigos del Zangarrón y se aludía a desacuerdos en torno a la gestión de la tradición.
La polémica aumentó tras la difusión de un manifiesto firmado por “algún vecino de Sanzoles”, documento que en el municipio se relaciona con el entorno de María Mulas, exalcaldesa de la localidad. El escrito defiende que la función del Zangarrón ha correspondido históricamente a los quintos y sostiene que la Asociación Amigos del Zangarrón ha sido la encargada de custodiar y mantener gran parte de los enseres utilizados en la mascarada.
El manifiesto diferencia además entre el traje donado en su día por Melitón Fernández —sobre el que reconoce capacidad de custodia municipal— y otros elementos empleados en la tradición, que considera bienes privados adquiridos y restaurados por la asociación. El texto rechaza que el Ayuntamiento pueda regular objetos que, según esa versión, no pertenecen al Consistorio.
También atribuye al actual equipo de gobierno una alteración del modelo tradicional de organización de la mascarada, al considerar que determinadas funciones correspondían históricamente a los quintos y a los vecinos del pueblo.
Mientras tanto, en Sanzoles el debate continúa abierto. Más allá de la futura ordenanza, la discusión refleja distintas interpretaciones sobre quién debe representar la tradición, cómo conservarla y cuál debe ser el equilibrio entre participación vecinal e intervención institucional.
Porque el Zangarrón sigue siendo mucho más que una figura festiva. Forma parte de la identidad cultural del municipio y de una tradición transmitida durante generaciones, que ahora entra también en el ámbito de la regulación administrativa y del debate público.



