Hace justamente un año, el fuego arrasaba parte del Parque Natural del Lago de Sanabria, dejando una imagen difícil de olvidar. El incendio, originado en el término municipal de Porto el 14 de agosto, puso bajo presión a un territorio acostumbrado a convivir con ese riesgo de cada verano y las llamas acabaron afectando a miles de hectáreas.

Cuando el aniversario pone esos días en la memoria colectiva —junto a los nuevos incendios acaecidos en las últimas semanas—, la pregunta es doble: cómo facilitar la extinción del próximo incendio y qué se puede hacer antes de que llegue.
En este contexto, cobra especial relevancia FORGARERO, el proyecto de valorización de los activos forestales de Galende, Requejo y Robleda-Cervantes que hoy, tras mucho tiempo de estudio y preparación, comienza una nueva etapa. Este martes comienzan las presentaciones a los vecinos de la zona del trabajo realizado durante los últimos años y del Plan de Gestión Forestal Conjunto en el que se plantea cómo gestionar los montes de estos tres municipios durante la próxima década.
La primera reunión será esta tarde, a las 19:00 horas en la Casa del Cura de Requejo, y mañana miércoles habrá otras dos citas: a las 16:30 horas en las Escuelas de Vigo de Sanabria y a las 19:30 en el Ayuntamiento Nuevo de Robleda.
Para hablar del origen de FORGARERO hay que remontarse una década atrás, hasta 2016, cuando un trabajo de fin de Máster en Robleda-Cervantes empezó a convertir una preocupación por la defensa frente a los incendios en un proyecto de gestión forestal mucho más ambicioso que ha ido creciendo y añadiendo nuevas perspectivas conforme se han sucedido terribles episodios relacionados con el fuego en la provincia, especialmente desde el año 2022.
El zamorano Diego Rodríguez, ingeniero de montes e integrante del equipo técnico en el proyecto, fue el autor de ese trabajo y, por tanto, uno de los impulsores del germen de FORGARERO. Lo que comenzó como un plan de defensa para un único municipio acabó incorporando a Galende y Requejo, buscando una fórmula para gestionar un área mucho mayor. En 2024 llegó la financiación del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
La gestión conjunta ante los problemas del minifundio
Durante estos dos últimos años, el equipo técnico ha estudiado cerca de 17.000 hectáreas de terreno en 22 núcleos de población de la comarca sanabresa. Esto ha permitido analizar la estructura de la propiedad forestal, las masas de vegetación, los usos del suelo y las principales zonas de riesgo. También se ha llevado a cabo un informe técnico con propuestas de anillos de seguridad para esta veintena de pueblos. Todo ello da como resultado final un Plan de Gestión Forestal Conjunto para 2027-2036.
"El principal problema es el minifundio, sobre todo las parcelas privadas", señala Diego Rodríguez. Esto provoca que se produzcan serias dificultades para gestionar este territorio, en muchos casos abandonado y lleno de maleza que hacen imposible que cada propietario aborde por separado los trabajos necesarios. Es una de las vías en las que se ha centrado FORGARERO: buscar una respuesta agrupando esas propiedades y facilitando una gestión conjunta.
Según informa Rodríguez a este medio, hasta el momento 295 propietarios han mostrado interés en incorporarse al proyecto, lo que supone 364 hectáreas. Esta cifra ilustra la dimensión del problema: cientos de propietarios para una superficie relativamente pequeña.
La propuesta es crear una agrupación de gestión forestal en la que cooperen los ayuntamientos implicados con los propietarios privados de la zona. Serían ellos quienes, a través de una junta directiva, tomarían las decisiones sobre los aprovechamientos de la masa forestal retirada y el destino de los posibles ingresos, mientras que las actuaciones serán ejecutadas por empresas especializadas.
La experiencia de los grandes incendios de veranos anteriores ayudó a cambiar el enfoque inicial del proyecto. En 2022, tras los fuegos que asolaron gran parte de la Sierra de la Culebra, Diego Rodríguez y el Ayuntamiento de Robleda-Cervantes recuperaron aquel primer plan de defensa. Pero la reflexión fue más allá de proteger los núcleos urbanos: "Debía servir para volver a los aprovechamientos tradicionales, agrupar a la propiedad privada y tratar de gestionar todos los montes del municipio".
Con Requejo y Galende ya incorporados al proyecto, este último sufrió pérdidas de masa forestal muy importantes en el incendio de Porto del pasado verano. A pesar de la pérdida medioambiental, Rodríguez aseguró que, al menos, el fuego se concentró en la parte alta de la sierra y no se acercó a los núcleos de población.
Prevenir no significa evitar el fuego
En un escenario de incendios cada vez más condicionados por las altas temperaturas, la sequedad del terreno y otros fenómenos meteorológicos adversos asociados, los responsables del proyecto son claros: con FORGARERO, no quieren vender promesas imposibles. "Con todas las medidas de prevención y la protección de los núcleos, aunque consigamos todo, eso no va a hacer que no haya incendios", sentencia el ingeniero de montes.
El verdadero objetivo es que, cuando llegue el fuego, los efectivos puedan concentrarse en apagarlo en el monte y no tengan que dedicar sus recursos a defender los pueblos, que estarán protegidos gracias a las actuaciones preventivas. Además, las medidas previstas sobre las masas forestales pretenden, además de reducir la propagación del incendio, mejorar su resistencia.
Una de las medidas más concretas son los anillos de seguridad diseñados alrededor de las poblaciones. Un sistema específico y detallado contempla un primer anillo de 30 metros y un segundo de otros 70, con diferentes actuaciones de prevención. Y es que las parcelas privadas que queden dentro de estas zonas estarían supeditadas a unas ordenanzas municipales que permitirán actuar sobre esas tierras, ya sea mediante trabajos por medio de los propios propietarios o, si no lo hacen, que sea el ayuntamiento correspondiente quien los ejecute.
La prevención, además, quiere ir acompañada de aprovechamiento económico. Los clareos, podas, desbroces y otras actuaciones generarán madera y biomasa que pueden convertirse en recursos. La intención sería favorecer la actividad de las empresas de la zona, siempre que sea posible, y que esta gestión forestal genere empleo y dinamización económica. "Con los estudios económicos, a nivel supramunicipal, sí salen los números", asegura Rodríguez en cuanto a la rentabilidad de FORGARERO, indicando que el verdadero reto será conseguir organizar y gestionar adecuadamente los recursos.
Las reuniones que comienzan hoy servirán para explicar precisamente cómo se pretende pasar de la planificación de estos últimos años a la ejecución. Los vecinos podrán conocer los trabajos realizados, la organización del territorio y las actuaciones que recoge el Plan, quién tomará las decisiones y cómo se financiará todo el proceso. La meta es completar los trámites en lo que resta de 2026 para que en 2027 puedan lanzarse las licitaciones y comenzar a trabajar cuanto antes sobre el terreno.
Una década después de aquel trabajo de un estudiante, FORGARERO se ha convertido en una realidad y está cada vez más cerca de convertirse en algo tangible. El proyecto ha estudiado el monte sanabrés, identificado sus problemas y desarrollado una estrategia basada en el trabajo conjunto. "Con FORGARERO se ha conseguido sembrar algo para tener una oportunidad en la zona. Ahora su crecimiento va a depender de los ayuntamientos y vecinos, saber hasta qué punto llegará", concluye Diego Rodríguez.

A través de estos enlaces, puedes descubrir diferentes recursos de FORGARERO. Desde el antes y después de la masa forestal en Sanabria (1956-2025), hasta los detalles del proyecto en cada municipio implicado.



