Llega el mes de mayo y con ello la provincia de Zamora ha vuelto a vivir una de sus estampas habituales de cada año a estas alturas: el izado del mayo. Esas figuras de trapo que pregonan la fecundidad de la primavera y que se instalan en las distintas localidades.
En la localidad de Grisuela han plantado al 'Doctor amor' dedicado al médico que ha atendido en la zona y que en los últimos meses ha dejado ver su faceta más televisiva. Los jóvenes del pueblo han levantado el mayo que han coronado con este simpático muñeco dando muestra de como en los últimos años el humor impera en esta celebración.

Los mozos de Moraleja del Vino también ha procedido estos últimos días a la levantación del mayo con la ayuda de los jóvenes y los ya no tan jóvvenes de la localidad. Una muestra más de como esta tradición sigue vive en la localidad pasando de generación en generación.
Cabe recordar que la Fiesta del Mayo tiene raíces en antiguas civilizaciones como los fenicios y griegos, quienes celebraban a sus dioses con festividades que marcaban eventos importantes, como los cambios de estación. Esta tradición fue adoptada por civilizaciones como los celtas, quienes celebraban el inicio del verano con rituales en honor a la naturaleza. Los romanos también adoptaron esta celebración, dedicándola a dioses como Bona Dea, asociada con la fertilidad y la primavera. Con la llegada del cristianismo, la Fiesta de Mayo se transformó en festividades como la Cruz de Mayo, donde los símbolos paganos fueron reemplazados por elementos cristianos, y se asoció también con la veneración a la Virgen María

Un mensaje a la fertilidad, el de los mayos, quienes desde lo alto de un chopo o un palo buscan lanzar un mensaje que, en la provincia de Zamora, parece hacer más falta que nunca ante la despoblación y la marcha de jóvenes a otros rincones del país o el extranjero en busca de oportunidades. Marchas que dejan atrás un territorio cada vez más languecido ante la pérdida de habitantes y el desangramiento de los pueblos.
Todo ello en un fin de semana que más allá del izado deja estampas de hermanamiento con actividades como comidas, cenas o ratos distendidos para celebrar que, pese a las dificultades, los mayos siguen acercándose al cielo zamorano desde los distintos rincones de la provincia.

De extremo a extremo de la comarca, el paso del mes de abril al de mayo se viste de figura de trapo en las alturas para la contemplación visual de los vecinos rindiendo tributo a la fertilidad de los campos. Una figura que viene recobrando su época dorada en las dos últimas décadas, no sin antes superar años y años de dejadez en algunos pueblos. Y eso porque en los últimos años y en algunas localidades se ha recuperado esta ancestral tradición invadida de narrativa legendaria y guiños reivindicativos.



