Aliste no tiene playa, pero el pasado sábado se hizo un mar en San Vitero. No era de agua, sino de lana. Unas 2.000 ovejas avanzaron por las calles de la localidad en su regreso desde los pastos de la sierra de Sanabria, formando una corriente blanca y ruidosa que durante unos minutos ocupó carreteras, calles y caminos. Los cencerros anunciaban la llegada antes de que apareciera el rebaño y, detrás de las ovejas, avanzaban los pastores y los perros, pendientes de que ninguna se saliera del camino.
La escena tenía algo de excepcional para quien la contemplaba por primera vez, pero para los siete pastores que acompañaban a los rebaños era, sobre todo, el final de un viaje que se repite cada año. Durante los meses de verano, el ganado permanece en los pastos de la sierra de Sanabria, donde encuentra unas condiciones más favorables para alimentarse durante la época seca. Con el cambio de estación llega el momento de regresar a los pueblos de Aliste.
El paso por San Vitero ha coincidido con una nueva edición de la Feria Transfronteriza del Pastor y la Trashumancia, pero la llegada de los animales no es una representación ni una recreación de cómo se hacía antes. Los animales tienen que volver y los pastores siguen haciendo el camino. La feria pone el foco sobre una actividad que, en realidad, continúa formando parte de la vida de estos ganaderos.
El rebaño avanza compacto por la carretera mientras los vecinos y visitantes buscan un lugar desde el que verlo pasar. Los teléfonos móviles se levantan y las cámaras intentan encontrar entre cientos de animales el gesto de un pastor, el movimiento de un perro o una oveja que se separa del grupo. Los niños observan el paso del ganado desde las aceras y los mayores reconocen una escena que durante décadas formó parte de la normalidad de los pueblos de la comarca.
La llegada a San Vitero, sin embargo, no supone el final inmediato del trabajo. Los animales han realizado juntos buena parte del recorrido, pero pertenecen a diferentes rebaños. Una vez en el municipio comienza el apartado, el momento en el que cada pastor tiene que recuperar sus propias ovejas y conducirlas hacia su destino.




