Hay lugares donde la historia sigue latiendo entre sus paredes. Uno de ellos es el Museo de la Memoria de Ribadelago, un espacio concebido para preservar el recuerdo de una de las mayores tragedias ocurridas en Castilla y León: la rotura de la presa de Vega de Tera, que en la noche del 9 de enero de 1959 sepultó gran parte del pueblo bajo una devastadora riada.

La catástrofe causó 144 muertos y decenas de heridos, además de destruir buena parte del antiguo Ribadelago. Aquel desastre marcó para siempre la historia de la comarca de Sanabria y se convirtió en uno de los episodios más trágicos relacionados con una infraestructura hidráulica en España.
Más de seis décadas después, el Museo de la Memoria mantiene vivo el legado de las víctimas y de los supervivientes a través de un recorrido que permite comprender qué ocurrió aquella noche, cómo era la vida en el pueblo antes del desastre y cuáles fueron las consecuencias humanas y sociales de la tragedia.
Lejos de ser únicamente una exposición, el museo se ha convertido en un lugar de homenaje y reflexión donde vecinos y visitantes pueden acercarse a los testimonios, fotografías, documentos y objetos que ayudan a reconstruir la memoria colectiva de Ribadelago.
Durante los meses de verano, el museo ofrece visitas guiadas para que quienes se acerquen puedan conocer de primera mano los detalles de uno de los episodios que marcó la historia reciente de Zamora.
Las visitas se realizan de martes a sábado con dos pases de mañana, a las 11.15 y 12.30 horas, y un pase de tarde a las 17.15 horas. Los domingos únicamente hay visitas por la mañana, a las 11.15 y 12.30 horas.
La propuesta invita no solo a descubrir un museo, sino a comprender una historia que sigue muy presente entre los vecinos de Ribadelago. Porque conservar la memoria de quienes perdieron la vida aquella noche es también una forma de evitar que una tragedia semejante caiga en el olvido.



