El informe del Banco de España ‘Dinámicas de convergencia regional de las principales economías’ sitúa la trayectoria económica de Castilla y León y su capacidad para convertir los recursos en crecimiento económico en el segundo grupo de España, tras Madrid, País Vasco y Aragón, y en el mismo club que Galicia, Navarra, La Rioja, Extremadura, Cataluña y Baleares.
Pese a destacar que estas autonomías partían de una posición “relativa más favorable” han convergido hacia niveles “ligeramente superiores” al promedio del conjunto de regionales analizadas, reconoce que la Comunidad tiene una velocidad de convergencia “baja” hacia la media europea, solo comparable con Asturias. En concreto, habla de que muestra un proceso de convergencia “más gradual hacia su senda”.
Tras el análisis de 98 regiones de los países de Alemania, Francia, Italia y España durante el periodo entre 1998 y 2025, las autonomías de España están lejos de cinco territorios alemanes y la Isla de Francia -donde se ubica París-, que están el primer grupo, con niveles de PIB per cápita “persistentemente” superiores a la media del conjunto de la muestra. También cuentan con mayores dotaciones relativas de capital humano y una mayor ratio de ‘stock’ de capital per cápita .
En el segundo, tampoco hay comunidades españolas y continúan otras zonas de Alemania y la provincia italiana de Bolzano, hasta llegar a 20. En el tercer ‘club’, formado por 32 territorios, ya aparecen País Vasco, Madrid y Aragón, junto a otras regiones de Alemania, Francia e Italia. En el cuarto grupo, se sitúa Castilla y León junto a otras seis autonomías españolas y 18 regiones europeas más. Por detrás, englobadas en el quinto club, están Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Valencia y Murcia. En el vagón de cola, se sitúan Andalucía y Canarias, junto a cinco territorios italianos.
El informe, consultado por la Agencia Ical, señala que las regiones agrupadas en los clubes tres a seis presentan menores niveles de PIB per cápita que los englobados en el uno y dos y una reducción progresiva en las dotaciones de capital humano. Esta disminución resulta “especialmente marcada” en los clubes cinco y seis, en los que los niveles educativos son “significativamente” inferiores a los observados en los grupos más avanzados. En este sentido, el ratio de educación en Castilla y León está 7,8 puntos porcentuales por debajo de la media de su club. Por el contrario, el porcentaje del ‘stock’ capital per cápita está en la media.
El Banco de España asegura que todas las regiones europeas presentan procesos de convergencia, pero “no todas convergen hacia los mismos niveles a largo plazo”. No en vano, los resultados evidencian la coexistencia de distintos niveles de desarrollo, asociados a las diferencias en la renta per cápita, en las dotaciones de capital físico y humano y en la forma en que los factores productivos se traducen en crecimiento con el tiempo. Un crecimiento económico que destaca el papel del capital humano tanto como factor productivo directo como a través de su influencia sobre la productividad y la difusión de los avances tecnológicos.
Uno de los retos que marca el Banco de España para la Comunidad es equiparar la riqueza de los castellanos y leoneses a sus compañeros de grupo, ya que el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita es un 20 por ciento más bajo que la mediana del grupo 4 de Europa. Un dato que contrasta con que Navarra y Cataluña se sitúan un 6,5 y un 1,9 por ciento, respectivamente, por encima mientras que Baleares está sólo un 4,6 por ciento por debajo y La Rioja, un 6,9 por ciento. Por el contrario, Galicia y Extremadura están aún peor que Castilla y León, al registrar un porcentaje del PIB per cápita negativo del 25,2 y 37,9 por ciento.
El análisis del Banco de España concluye que las políticas orientadas a reducir las disparidades regionales en Europa deben ir más allá de la mera acumulación de factores productivos. Añade que la evidencia apunta a que la capacidad de las regiones para transformar el capital físico y humano en crecimiento sostenido depende de características estructurales como la calidad institucional o la estructura productiva.
Por ello, las políticas de cohesión, tanto a nivel nacional como supranacional, deben diseñarse con horizontes temporales “suficientemente amplios” para poder realizar cambios estructurales. En esta línea, precisa que los fondos europeos han tenido efectos positivos sobre el crecimiento a medio plazo a nivel regional. “Las disparidades regionales europeas no solo responden a diferencias en dotaciones de factores sin también a la distinta capacidad de los territorios para convertir esas dotaciones en crecimiento económico”, precisó.
Además, apostó por políticas diferenciadas por tipo de región, en lugar de estrategias homogéneas aplicadas de manera uniforme al conjunto del territorio europeo. “La evidencia empírica ha mostrado de forma consistente que la convergencia no es ni universal ni uniforme, ya que hay algunos países y zonas presentan claras dinámicas de convergencia y otros muestran una divergencia”, sentenció.



