El aumento del coste de la vida sigue pasando factura a los bolsillos de los trabajadores de Castilla y León. Según un estudio elaborado por Randstad, el 80 % de los empleados de la Comunidad modificará sus vacaciones este verano para adaptarlas al incremento de los precios.
La medida más habitual será recortar la duración de los viajes, una opción elegida por el 41,2 % de los trabajadores, mientras que el 38,8 % optará por destinos o alojamientos más económicos. Solo uno de cada cinco (20,1 %) mantendrá sus planes de vacaciones sin cambios.
El informe sitúa a Castilla y León entre las comunidades del interior con un mayor porcentaje de trabajadores que se ven obligados a reajustar sus vacaciones, una tendencia similar a la registrada en Madrid o Castilla-La Mancha.
Pero el impacto de la inflación va más allá del periodo estival. El 89,4 % de los castellanos y leoneses asegura haber tenido que modificar sus hábitos de consumo diarios debido al incremento del coste de la vida. En concreto, el 71,7 % afirma haber cambiado de forma generalizada su forma de consumir, mientras que otro 17,7 % lo ha hecho en determinadas situaciones.
A nivel nacional, el estudio, realizado entre cerca de 5.700 trabajadores, refleja que el 77,3 % reconoce que el encarecimiento de la vida condicionará sus vacaciones y que el 73,9 % ya ha cambiado sus hábitos de consumo cotidianos.
Además, el análisis concluye que las mujeres ajustarán más sus vacaciones que los hombres, mientras que el grupo de edad comprendido entre los 25 y los 44 años será el más afectado, al coincidir con una etapa en la que el peso de las hipotecas, los alquileres y los gastos familiares resulta mayor.
El nivel de estudios también influye en la capacidad para mantener los planes de verano. Los trabajadores con estudios de posgrado o doctorado son quienes menos tendrán que modificar sus vacaciones, mientras que aquellos con Educación Básica o Bachillerato y Formación Profesional son los que más se verán obligados a reducir los días de estancia fuera de casa.





