El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO) recomienda a las familias aprovechar el inicio del curso escolar para realizar una revisión visual a sus hijos y comprobar que su sistema visual funciona correctamente. La lectura, la escritura, la pizarra y las tareas digitales exigen una visión funcional, por lo que una alteración no identificada puede convertir estas actividades en un esfuerzo innecesario y dificultar determinadas tareas del aula.
Una revisión visual permite identificar problemas que, especialmente durante la infancia, no siempre son evidentes para los propios niños ni para sus familias. Miopía, hipermetropía, astigmatismo, estrabismo o ambliopía son algunas de las alteraciones que pueden afectar a la calidad de la visión y dificultar determinadas actividades habituales en el entorno escolar.
“Los escolares no siempre son capaces de identificar que no ven bien porque, en muchos casos, no conocen otra forma de ver. Por eso es fundamental que las familias estén atentas a determinadas señales y que las revisiones visuales formen parte de los cuidados de salud durante la infancia. Una revisión visual permite detectar y corregir posibles barreras visuales que pueden dificultar tareas concretas del aula, aunque no explica por sí sola las dificultades de aprendizaje”, explica el presidente del CGCOO, Andrés Gené Sampedro.
La visión es una de las capacidades que intervienen en el aprendizaje, pero el rendimiento escolar depende también de múltiples factores. Por ello, una alteración visual debe entenderse como una posible barrera que conviene identificar y tratar, y no como una explicación única de las dificultades académicas.
La prevalencia de la miopía infantil cambia con la edad y el entorno
Entre los problemas visuales que pueden detectarse mediante una revisión se encuentra la miopía, uno de los trastornos refractivos más comunes y cuya prevalencia ha aumentado en los últimos años. Según el Libro Blanco de la Salud Visual en España 2022, la proporción de personas con miopía aumentó nueve puntos en cuatro años, hasta alcanzar el 37% de la población adulta.
La miopía suele aparecer durante la infancia y puede progresar mientras el ojo crece. Su prevalencia varía en función de la edad y la población, y los antecedentes familiares constituyen uno de los principales factores de riesgo. La detección permite corregir la visión y valorar, de forma individualizada, medidas para controlar su progresión cuando estén indicadas.
En este contexto, el CGCOO aconseja realizar revisiones periódicas, especialmente cuando existen antecedentes familiares, síntomas o se detectan signos de alerta.
Señales que pueden indicar que un niño no ve bien
Los ópticos-optometristas recomiendan a las familias y al profesorado prestar atención a determinados comportamientos que pueden indicar la existencia de un problema visual. Por sí solos, estos signos no permiten establecer un diagnóstico, pero si son frecuentes o persisten, conviene consultar con un óptico-optometrista.
- Se acerca demasiado a los libros, cuadernos, la televisión o las pantallas.
- Entorna los ojos, cierra o tapa un ojo, ladea la cabeza o adopta una postura inusual para mirar.
- Tiene dificultad para ver la pizarra o refiere visión borrosa o doble.
- Se frota los ojos con frecuencia o presenta cansancio ocular, molestias o dolor de cabeza tras tareas prolongadas de cerca.
- Pierde repetidamente el punto de lectura o evita determinadas tareas visuales.
- Presenta desviación de un ojo, aunque aparezca solo de forma intermitente.
Junto a la detección de posibles alteraciones, el CGCOO recuerda la importancia de mantener unos hábitos visuales saludables durante el curso. El uso prolongado de pantallas y de tareas de cerca, especialmente sin pausas, puede acompañarse de sequedad ocular, visión borrosa transitoria o dolor de cabeza.
Para mejorar el confort visual, se aconseja realizar pausas periódicas, alternar la visión de cerca y de lejos, mantener una distancia cómoda y favorecer una iluminación adecuada.
Y es que la evidencia disponible encuentra una asociación entre una mayor exposición a pantallas y una mayor probabilidad de miopía, aunque no demuestra que las pantallas sean por sí solas la causa. En cambio, existe evidencia más consistente sobre el papel protector del tiempo al aire libre frente a la aparición de la miopía, por lo que se recomienda fomentar las actividades en el exterior durante todo el curso.
Asimismo, los ópticos-optometristas recuerdan que España cuenta con el Plan VEO, impulsado por el Ministerio de Sanidad con la colaboración del Consejo, que facilita ayudas de hasta 100 euros al año para gafas o lentes de contacto a menores de hasta 16 años que cumplan los requisitos establecidos.
“Facilitar el acceso a la corrección visual y garantizar su seguimiento son elementos clave para evitar barreras visuales que puedan afectar a la actividad escolar”, indica Gené.
“Una buena visión es una herramienta fundamental para que los niños puedan desenvolverse con normalidad en el colegio y en su vida cotidiana. Por eso, al preparar la vuelta al cole, además de revisar el material escolar, la mochila o los libros, también deberíamos comprobar que nuestros hijos ven bien”, concluye el presidente del CGCOO.



