La Diócesis de Zamora celebró ayer lunes la festividad de San Juan de Ávila, patrono del clero español, con una jornada de fraternidad sacerdotal, oración y formación permanente. La Eucaristía, presidida por el obispo, Fernando Valera, tuvo lugar en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso, en el marco de una convocatoria dirigida a sacerdotes y diáconos de la diócesis.

Durante la homilía, el obispo invitó al presbiterio zamorano a poner el acento en una palabra central para la vida sacerdotal: “cuidado”. “Antes que gestores de lo sagrado, somos hijos de Dios. No podemos dar de beber si nuestro pozo está seco”, señaló don Fernando, animando a los sacerdotes a cuidar la vida interior y a no reducir el ministerio “a una función administrativa o a un proyecto ideológico”.
Valera subrayó también la importancia de la fraternidad sacerdotal, especialmente en una diócesis marcada por la dispersión territorial y por el riesgo del aislamiento pastoral. “El contrario del cuidado es la soledad y la indiferencia”, afirmó. En este sentido, recordó que “la fraternidad no es un eslogan, es una forma de ser”, y pidió buscar “formas posibles de vida común, de apoyo mutuo, de comer juntos, de rezar juntos, de sostenernos cuando el otro flaquea”.




