De Ovnis sobre Zamora, del juez Federico Acosta Noriega, a “Ufología Histórica de Zamora”, de Nando Domínguez, dos obras que han contribuido a rescatar del olvido décadas de testimonios y casos ufológicos en la provincia.

Separados por varias décadas, estos dos investigadores y autores han dedicado parte de su trabajo a recopilar testimonios, investigar casos y dejar constancia de una parte de la historia zamorana relacionada con los llamados objetos voladores no identificados.

Sus libros, “Ovnis sobre Zamora” y “Ufología Histórica de Zamora”, pueden entenderse como dos capítulos de una misma historia. El primero abrió camino en una época en la que la ufología despertaba un enorme interés en España; el segundo recupera aquella memoria y la amplía mediante años de investigación en hemerotecas, archivos y testimonios.

Del investigador al testigo: dos maneras de acercarse al misterio

Existe una diferencia importante entre ambas obras. Acosta Noriega investigó los casos en una época en la que la información disponible era mucho más limitada. La prensa escrita, los testimonios directos, las fotografías y las investigaciones de campo constituían algunas de sus principales herramientas.

Nando Domínguez parte de aquella documentación, pero dispone de nuevas posibilidades de investigación. Su trabajo se apoya especialmente en la recuperación de hemerotecas y documentación histórica, además de entrevistas y búsqueda de testimonios. Por ello, ambos libros funcionan de manera complementaria.

“Ovnis sobre Zamora” conserva la mirada de un investigador que vivió directamente aquella época y que llegó a desplazarse para conocer algunos de los casos. “Ufología Histórica de Zamora” recupera esa memoria y la amplía con una investigación mucho más extensa en el tiempo.

Dos libros que deberían leerse juntos

Si “Ovnis sobre Zamora” representa uno de los primeros grandes trabajos dedicados específicamente a la casuística ufológica de la provincia, “Ufología Histórica de Zamora” representa una continuación y una ampliación de esa labor. Uno mira especialmente hacia la época dorada de la ufología española y hacia los casos investigados por Acosta Noriega. El otro recupera décadas de documentación y testimonios, extendiendo la investigación desde los años cincuenta hasta el siglo XXI.

Entre ambos existe un vínculo evidente: la voluntad de que los casos no desaparezcan con el paso del tiempo.

Porque independientemente de la interpretación que cada lector quiera dar a los fenómenos descritos, hay algo que resulta incuestionable: durante décadas, hombres y mujeres de diferentes localidades zamoranas afirmaron haber visto cosas que no supieron identificar. Y gracias a investigadores como Federico Acosta Noriega y Nando Domínguez, aquellas historias quedaron escritas.