Hay historias que uno aprende a contar escuchando a los demás y otras que, tarde o temprano, necesitan salir de dentro. Carlos G. Rodríguez lleva desde 2022 poniendo palabras a las historias de otros como periodista en Zamora24horas. Ahora, después de muchas crónicas, entrevistas y conversaciones, se enfrenta a un reto diferente: contar una historia propia y hacerlo por primera vez desde la literatura.
Natural de Santa Croya de Tera, Carlos debuta con "El Embrujo Esmeralda", una novela que nace de una mirada cruzada en un bar entre un escritor bloqueado y una joven que, sin mediar palabra, comienza a ocupar sus pensamientos. Inspirada en el mito irlandés de Niamh y Oisín, la obra transita por la soledad, la identidad y esa frontera tan fascinante como difusa entre lo que vivimos y lo que somos capaces de imaginar.
Detrás de este primer libro hay un joven periodista con inquietudes literarias, fascinado por la mitología y con ganas de explorar otras formas de contar. Hablamos con Carlos de los orígenes de esta historia, de las raíces que le acompañan, del camino hasta su primera publicación y de lo que supone pasar de contar las vidas de los demás a dejar una parte de la propia entre las páginas de un libro.
"El Embrujo Esmeralda" ya se encuentra disponible en preventa a través de la Editorial Autografía, donde se puede adquirir por 11,87 euros. Las personas interesadas en hacerse con un ejemplar de la primera novela de Carlos García Rodríguez pueden realizar su pedido a través de la página web de la editorial: comprar "El Embrujo Esmeralda"
Vamos a empezar por el principio. Un escritor bloqueado, una joven en un bar y una mirada que lo cambia todo. ¿De dónde nace "El Embrujo Esmeralda"? ¿Recuerdas el momento en el que apareció por primera vez esta historia en tu cabeza?
La historia llevaba gestándose, de un modo u otro, mucho tiempo. Yo siempre había querido escribir una novela, desde pequeño. Siempre he estado escribiendo, de ahí también que eligiera esta profesión. Pero siendo más concretos, la novela nace de etapas de mucho ruido mental, en las que aprendí a valorar muchísimo algo tan aparentemente sencillo como el silencio. Y entre todo ese ruido mental, encontré una salida en la escritura, y es un tema que se trata mucho en la historia.
Los protagonistas ni siquiera necesitan intercambiar una palabra para que comience todo. ¿Crees que a veces imaginamos mucho más de las personas que no conocemos que de aquellas que tenemos delante todos los días?
Sí, claro. Creo que nunca llegamos a conocer del todo a una persona. Y rara vez nos llegamos a conocer plenamente a nosotros mismos. Es en las personas de nuestro alrededor donde entra en juego nuestra imaginación, a través de una mirada, un gesto, o cualquier mínimo detalle. Es la magia de esas pequeñas cosas.
El protagonista es un escritor bloqueado. ¿Hay algo de ti en él? ¿Has conocido también esa sensación de tener muchas cosas que contar y no encontrar la manera de hacerlo?
Naturalmente. Muchas veces he sido ese hombre solo, que hace lo posible por ser invisible y poder sentarse, simplemente, a observar y pensar en sus cosas. Muchas veces durante el tiempo que he pasado escribiendo esta historia. Momentos en los que me he sentido perdido, y claro, ¿cómo voy a saber hacia dónde tienen que ir los personajes, si ni siquiera sé hacia dónde voy yo?
La novela está inspirada en el mito irlandés de Niamh y Oisín. ¿Cómo llegaste hasta esa leyenda y qué encontraste en ella que te hizo pensar que había una historia que merecía la pena contar?
Pues llegué de casualidad, a través de una canción titulada ‘Niamh’ de un grupo llamado Celtian. Siempre he sido una persona curiosa. Y como además me gusta mucho todo lo relacionado con las mitologías en general, pues empecé a documentarme sobre quién era Niamh y cuál era su historia. Y me pareció muy interesante revisitar ese mito y darle una vuelta de tuerca para encajarlo con la historia que yo quería, o necesitaba contar. Entendí ese viaje mágico que hace Niamh a través de mares de leyenda para encontrarse con Oisín como un punto de partida interesante desde el que luego construir mi historia.
¿Qué te atrae tanto de la mitología irlandesa? ¿Qué tiene ese universo de leyendas, magia y misterio que te ha llevado a convertirlo en el punto de partida de tu primera novela?
Precisamente eso. Esa magia, ese misterio que desprende todo lo relacionado con Irlanda y sus historias. Los nudos celtas son claves en la historia, con esa representación de esos ciclos sin principio ni final, paralelos pero entrelazados, como el paso del tiempo, la vida y la muerte, y esas conexiones espirituales que rozan lo mágico.
El título, "El Embrujo Esmeralda", ya despierta cierta curiosidad. ¿Qué representa ese embrujo? ¿Es el de una persona, el de una historia o el de la propia imaginación?
Representa exactamente eso. Esa magia y esa luz que pueden hallarse en cualquier momento, incluso cuando todo es oscuridad en nuestro interior y nos atrapan sin que nos demos cuenta. En esta novela hay canciones, hay poemas, hay mitología, pero sobre todo hay vida. Y si esta magia y esa luz te atrapan y te dejas llevar, todo cambia. Todo puede llegar a ser mágico si lo miramos con los ojos adecuados.
La sinopsis habla de soledad, identidad y creación. Son temas muy humanos, pero también complejos. ¿Qué querías explorar realmente con esta historia? ¿Hay alguna pregunta personal detrás de la novela?
La historia aborda efectivamente la soledad, tanto en el escritor, como en la joven. Y es que esa soledad tiene una dualidad muy interesante. Porque muchas veces es un enemigo terrible, pero también puede ser un buen aliado y algo de lo que aprender muchísimo. No quiero decir que siempre quiera estar solo, pero con el tiempo y por todo lo vivido aprendí a apreciarla y a abrazarla. Sobre todo en esta época en la que vivimos, de prisas, de sobreestimulación constante… Aprendí a valorar muchísimo algo tan sencillo como el silencio. Es en tiempos de soledad cuando uno más puede llegar a conocerse a sí mismo. Y sobre todo, como también se explora en la novela, después de vivir algo especialmente oscuro y que nos obliga a reconstruirnos desde las cenizas, buscando justo esa identidad que hemos perdido.
Hay una cuestión que me parece especialmente interesante en el planteamiento: ¿nos enamoramos de las personas que conocemos o de la imagen que construimos de ellas? ¿Es algo que también atraviesa el libro?
Creo que ambas. Me explico. Lógicamente tú te enamoras de la persona que conoces, pero con el tiempo forjas una imagen de esa persona, la idealizas y tiendes a fijarte únicamente en las muchas cosas buenas o afines a ti que esa persona tiene. De todas formas, no es romántica la forma del amor que se explora en la historia.
Trabajas como periodista y estás acostumbrado a contar historias reales, con protagonistas de carne y hueso. ¿Qué ha sido más difícil: contar la realidad de los demás o construir una historia que nace enteramente de tu imaginación?
Lo segundo, sin duda. No quiero quitarle importancia al periodismo, porque me ha traído hasta aquí, pero en este oficio cuento lo que puedo ver, oír o tocar. Cualquier realidad tangible que haya que poner bajo el foco del periodismo. Para escribir la novela tienes que plantarte ante una hoja en blanco con cosas que tienes en la cabeza y al intentar escribirlas, a lo mejor no quedan como las tenías estructuradas, o no eres capaz de ordenarlas.

¿Has tenido que desprenderte de alguna de las rutinas del periodismo para escribir ficción? ¿Te ha costado dejar a un lado la necesidad de contrastar, explicar y justificarlo todo?
Sí, claro. Sobre todo teniendo en cuenta el estilo que he querido conferir a la historia. Me ha sido especialmente complicado no dárselo todo explicado al lector. Al final todos los días estoy escribiendo para dejarlo todo claro, sin lugar a la ambigüedad y que todo esté bien explicado. He tenido que hacer un gran esfuerzo para poder dejar puertas abiertas a la imaginación del lector, a que busque los símbolos y no sea yo el que se los señale, o le explique el significado de cada uno. Ha sido complicado, sí.
¿Qué te ha permitido la literatura que no te permite el periodismo? ¿Has encontrado en la ficción una forma de contar cosas que quizá no caben en una noticia?
Lo que he encontrado en la literatura ha sido algo terapéutico. Cuando llegas saturado del mundo, y solo quieres estar en silencio con tus propios pensamientos, la escritura más ‘libre’ me ha permitido desconectar y liberar mi cabeza de ruido.
Naciste en Zamora y has pasado prácticamente toda tu vida en Santa Croya de Tera, aunque también has vivido en Valladolid y Salamanca. ¿Cuánto hay de tus raíces en tu manera de mirar el mundo y de entender las historias?
Todo. Creo que no podemos ir a ningún sitio si dejamos a un lado el lugar del que venimos ni las cosas que hemos vivido allí, sea bueno o sea malo. No podemos cambiar nuestro pasado, pero podemos y debemos aprender de él. Y nuestras raíces lo son todo. Hay partes de mí en Valladolid, en Zamora, en Salamanca y por supuesto en Santa Croya. Los vínculos que me unen a ese lugar son algo especial, y no sería lo que soy sin mi pueblo y las personas que tengo allí, porque también tengo parte de todos ellos.
Has elegido una leyenda irlandesa para construir tu primera novela, un universo aparentemente lejano de la realidad cotidiana de un pueblo zamorano. ¿Te gusta esa posibilidad de viajar lejos a través de la imaginación sin dejar de llevar tus raíces contigo?
Sí, exacto. Nuestra mente nos lleva a lugares que a priori resultarían impensables, pero nuestras raíces representan ese lugar al que volver. El hogar es el hogar.
¿Cómo ha sido el proceso de escritura? ¿Eres de los que necesitan una rutina, un horario y disciplina o de los que esperan a que llegue la inspiración? ¿Cuánto tiempo te ha llevado terminarla?
Bastante, pero precisamente por cómo ha sido el proceso. Ha sido muy orgánico, pero muy duro. Fue orgánico porque no me quería encorsetar u obligar a escribir unas horas diarias, o una extensión diaria. Me sentaba frente al ordenador y, si yo sentía que estaba inspirado, pues escribía lo que tuviera, como si eran dos párrafos. Y fue muy duro porque me exigí mucho, con recuerdos y experiencias dolorosas, mucho aislamiento y un proceso de introspección muy, muy fuerte, que llegó a desgastarme muchísimo.

¿Hubo algún momento en el que pensaste que no ibas a conseguirlo? ¿Qué ha sido lo más difícil de enfrentarte a tu primera novela?
Sí que había momentos en los que yo pensaba: “Fijo que esto no le interesa a nadie”. Pero bueno, yo seguía escribiendo. Tampoco me obsesionaba con eso. Al menos no durante el proceso. Era como: “Bueno, voy a escribirlo, y luego ya veremos”.
Publicar un libro también significa exponerse de una manera diferente. ¿Te da cierto pudor que tus familiares, amigos y compañeros de trabajo lean algo tan personal como una historia que has construido desde cero?
Bastante, sí. Para mí escribir esta historia y publicarla fue como soltar una mochila muy pesada, que llevaba conmigo muchos años y ya era como una parte de mí. Entonces sí se me hace raro que ahora cualquiera pueda leer, como dices, algo tan personal y en lo que he puesto tanto corazón.
¿Qué ha significado para ti ver tu nombre en la portada de un libro por primera vez? ¿Has sentido vértigo, orgullo, incredulidad... o un poco de todo?
Un poco de todo, la verdad. Mucho orgullo, porque pienso en aquel niño que escribía cuentos y bueno, es emocionante. Pero también siento esa incredulidad y ese vértigo de, quizá, no haber procesado todo aún. Pero el balance entre una sensación y otra es claramente positivo.
Después de pasar tanto tiempo contando las historias de los demás, ahora eres tú quien tiene una historia que contar. ¿Qué te gustaría que descubrieran los lectores de Carlos García Rodríguez después de leer "El Embrujo Esmeralda"? ¿Y hay ya alguna otra historia esperando?
Bueno, no tanto de mí, pero que todas las personas son mucho más de lo que vemos. Detrás de cada mirada o cada gesto, no hay mundos enteros, hay sueños, hay dolor, y esa magia especial que todos albergamos en nuestro interior, muchas veces sin saberlo.



