Hay edificios que forman parte de un pueblo mucho más allá de sus paredes. Lugares que han visto pasar generaciones, que han sido escenario de celebraciones y despedidas y que conservan, entre sus muros, una parte de la memoria colectiva. En Jambrina, ese lugar es su iglesia. Y ahora, ante la necesidad de afrontar una restauración de envergadura, la localidad ha comenzado a organizarse para evitar que el deterioro comprometa su futuro.
La primera llamada a la participación tuvo lugar el miércoles 4 de noviembre. La parroquia convocó a los vecinos a una reunión abierta en los salones municipales para explicar el estado del templo y poner sobre la mesa las posibilidades de conseguir los recursos necesarios para su recuperación. No se trataba únicamente de conocer los problemas del edificio, sino de empezar a buscar una respuesta colectiva ante una intervención cuyo coste superará los 200.000 euros.
En el encuentro participaron el arquitecto de la Diócesis de Zamora, Claudio Pedrero, y el delegado episcopal de Cultura, Patrimonio y Sociedad, Juan Carlos López. Ambos expusieron el diagnóstico del inmueble, que señala especialmente el estado de la cubierta y distintos problemas estructurales. Son cuestiones que requieren una actuación de importancia y que convierten la restauración en un reto económico para una localidad de pequeñas dimensiones.
Pero Jambrina ha comenzado a dar los primeros pasos. La Diputación Provincial de Zamora ya ha mostrado su disposición a colaborar económicamente en la futura intervención, una ayuda que deberá completarse con otros recursos. La parroquia quiere que la respuesta no dependa únicamente de las instituciones y ha puesto sobre la mesa la implicación de los propios vecinos y de quienes, aunque hoy vivan fuera, siguen sintiendo el pueblo como suyo.
La idea es organizar una campaña que permita reunir aportaciones de distinta cuantía y promover iniciativas para alcanzar los fondos necesarios. Cada colaboración puede contribuir a un objetivo que trasciende la reparación de un edificio: mantener vivo uno de los espacios más reconocibles de la localidad.
Porque la iglesia no es solo una cubierta que necesita arreglos o una estructura que requiere atención. Es también el lugar en el que muchas familias han celebrado bautizos, primeras comuniones y bodas, pero también donde han despedido a sus seres queridos. Sus muros han acompañado las fiestas, las celebraciones religiosas y algunos de los momentos que marcan la vida de cualquier comunidad.
Esa relación explica que la restauración tenga una dimensión que va más allá de la obra. Conservar el templo significa proteger un elemento del patrimonio de Jambrina, pero también un espacio ligado a los recuerdos de quienes viven allí y de quienes tuvieron que marcharse sin dejar de sentirse parte del pueblo.
El camino que queda por delante exige trabajo. Habrá que elaborar el proyecto, concretar las actuaciones, cerrar la financiación y poner en marcha las iniciativas de recaudación. Los más de 200.000 euros que se estiman necesarios marcan la dimensión del desafío, especialmente para una localidad pequeña.
La reunión del miércoles ha servido para poner en marcha ese proceso y para compartir una voluntad: buscar entre todos la manera de conservar la iglesia. Ahora, Jambrina quiere sumar a quienes siguen viviendo junto al templo y a quienes llevan sus raíces consigo, estén donde estén, para que este lugar pueda seguir formando parte de la vida del pueblo.



