"Acompañaré a la Virgen de la Soledad hasta mi último suspiro de vida". Con estas palabras, Irma María Gómez, pregonera de la primera Exaltación de la Virgen, mostraba el profundo sentimiento que le una a la imagen. Un sentimiento compartido por más de un centenar de zamoranos que se acercaron en la tarde noche del sábado a San Juan para recibir la nueva imagen de la Virgen de la Soledad. Tras la restauración de su cara, sus manos y sus tobillos, la imagen por excelencia del Sábado Santo ha estado arropada por sus fieles.
Los actos de Cuarema de la Cofradía han dado comienzo así, con la primera Exaltación de la Virgen con el sentido discurso de la hermana Irma María. Una hermana que conoce lo que es la devoción por la imagen, y todo lo que la rodea, desde su infancia. Unos inicios en los que con ternura recordó, como desfilaba acompañada de la mano de las hermanas mayores de su familia y ,a día de hoy, es ella la que lleva de la mano a las damas más pequeñas.
El discurso estuvo precedido por una presentación de la protagonista realizada por Ana Pedrero. Un alegato cargado también de recuerdos y de sentimiento hacia la propia Virgen y hacia la Hermana Irma María a la cual le une una profunda relación de amistad y cariño. Los halagos hacia la madre del manto opaco se han sucedido durante toda la tarde. Los primeros pasos en los desfiles de la que fuera directiva de la desaparecida Sección de Damas, han sido uno de los recuerdos que con más cariño relató.
"Aún recuerdo cuando, con sumo cuidado, trataba de no manchar de cera mi ropa, puesto que por aquellos tiempos, el papel de estraza aún no nos acompañaba", y es que, cualquier hermano o hermana de la Semana Santa zamorana, sabe de primera mano que los primeros recuerdos de la infancia acompañando a la imagen por excelencia, con la medalla y el orgullo cargados al cuello quedan en la memoria grabados más a fuego que la cera pegada al hábito.



