Estocada la que recibió el Zamora. Inesperada y dolorosa. El Ruta de la Plata había sido la casa del terror para el Amorebieta y Andorra, pero no lo fue ante el Sestao River, un equipo inteligente que supo jugar sus cartas. Pito Camacho adelantó a los rojiblancos y el horizonte pareció maravilloso, pero el cuadro vasco respondió de inmediato por medio de Leandro para después asestar el golpe definitivo en el minuto 88 por medio de Etxainiz. Los rojiblancos tuvieron corazón, pero escasearon de ideas. La derrota cambia mucho el panorama, de estar octavos, a decimoquintos en un suspiro.
Lo que funciona, no se toca. Eso pensó Juan Sabas que repitió el mismo once por tercera jornada consecutiva, con Clavería en la medular, Bolo y Jose Carlos como tándem en la zaga, el correcaminos Tresaco por la izquierda y el contundente Lucero por la derecha. No entró en convocatoria Joel Priego y en las gradas ya se vieron las primeras mantas de algodón para refugiarse del frío.
Como pirañas, así salieron los rojiblancos al césped del Ruta de la Plata. Pirañas hambrientas que querían llevarse un trozo de carne a la boca. El Zamora CF salió intenso y agresivo para incomodar la salida de balón del Sestao River. Pedía calma a los suyos el mítico portero del Athletic, Iago Herrerín después de ver cómo los rojiblancos botaban cuatro saques de esquina en apenas 10 minutos. Tresaco reclamó penalti después de coger el balón e internarse en el área, pero el colegiado no lo vio así. La más clara la tuvo Carlos Ramos, pero no acertó a la media vuelta y su tiro salió alto.
El Sestao River tuvo también sus momentos. Córdoba exigió a Campabadal en defensa con su profundidad por el costado izquierdo, pero el Zamora respondió por medio de la velocidad de Tresaco, un ferrari por la banda izquierda, aunque la zaga vasca se solidificó para frustrar esas intentonas. Una pérdida en el balcón del área hizo contener la respiración, pero, para respiro local, Leandro cruzó demasiado su disparo. Siguió intenso el Zamora aunque tuvo que lidiar con las amenazas del Sestao. Tuvo el primero Pito Camacho cuando estaba a punto de consumirse el primer acto. El delantero recibió un medido pase que rompió la defensa visitante, pero Herrerín se anticipó dejandole con la miel en los labios.
Si en la primera parte el gol se resistió, la segunda iba a ser diferente. Era el minuto 49 y Nieto puso un centro pasado, el balón lo recogió Campabadal desde la otra banda. El lateral puso el balón al área, tocó Lucero, pero fue Pito Camacho el que fusiló para poner el 1-0. En la celebración, el delantero se agarró el escudo bordado en el pecho. Pero la alegría fue efímera, apenas tres minutos después Leandro recibió un pase filtrado para igualar la contienda con un tiro cruzado al que no pudo llegar Fermín. El gol fue un jarro de agua fría para la parroquia rojiblanca. De hecho, el Sestao estuvo cerca de poner el 1-2 con un pase de Córdoba que se paseó por el área
Contuvo la respiración el Zamora cada vez que el Sestao se plantaba en su campo. Sabían los vascos cómo hacer daño y eso pasó por meter la pelota por el centro e insistir por la banda izquierda. Movió ficha Juan Sabas. Metió a Roni y Guille Macho por Clavería y Pito Camacho. El guion varió, los rojiblancos apostaron por los centros laterales. Kike Márquez y Luis Rivas insistieron en meter el balón al área sin fortuna. Debutó el croata Karlo para meter más madera en ataque, clara declaración de intenciones de Juan Sabas para ir a por el partido.
Se salvó el Zamora en dos ocasiones en el minuto 78. El gol no llegó de milagro. Fue Joseda el que estuvo cerca de azotar. Le entraron las prisas a los rojiblancos por ver portería en los últimos diez minutos del encuentro. Ansiaban ese segundo gol que les permitiera adelantarse en el marcador, lo que se tradujo en cierta ansiedad. Fue inteligente el Sestao, en defensa fue hormigón armado y en ataque aprovechó para para asestar la estacada al Zamora. Una falta lejana que acabó con el balón muerto en el área. Etxaniz, sin oposición, fusiló a Fermín. Un golpe letal en el 88. Lo siguió intentando el Zamora a la desesperada, pero la película ya estaba acabada.



