Una persona camina de media unos 7.000 pasos al día. Zamora estará pendiente desde el mediodía de este sábado de una persona que multiplicará esa cifra por 14: hasta 100.000 pasos en 24 horas. Serán alrededor de 75 kilómetros los que Hugo Girão recorrerá sobre una cinta de correr, sin apenas paradas y con la noche de por medio. Todo por un reto solidario autoimpuesto. Todo por Yaiza, una niña zamorana de once años con diplejía espástica que necesita un nuevo traje de electrodos para seguir adquiriendo movilidad y autonomía. Cada paso tendrá un objetivo: reunir los 6.500 euros que cuesta ese traje.
La historia que trae a Hugo hasta este desafío comenzó mucho antes de que este pensara en recorrer esta enorme distancia. Yaiza padece diplejía espástica, una forma de parálisis cerebral que, en su caso, afecta principalmente a sus extremidades inferiores, provocándoles rigidez y, por tanto, dificultades para andar. Ella camina trayectos cortos con ayuda de muletas, pero para las distancias largas necesita una silla de ruedas o un vehículo. Su madre, Isabel Cabrera, destaca que Yaiza parece una niña como otra cualquiera, hasta que se levanta y se hace evidente su discapacidad.
La lucha de Yaiza y su familia
El diagnóstico llegó cuando Yaiza tenía 18 meses. No caminaba, pero en otros aspectos de su desarrollo iba incluso más adelantada de lo que es habitual, por lo que sus padres tuvieron que escuchar en las consultas médicas que no tenían de qué preocuparse. Sin embargo, una resonancia magnética terminó dando respuesta a aquello que hasta entonces no encajaba: "Nos llamó el pediatra pidiéndonos disculpas, diciendo que ni se imaginaba que Yaiza tuviera una parálisis cerebral", relata Isabel.
Desde ese momento, la familia ha convertido la búsqueda de una vida lo más normal posible para Yaiza en una lucha constante. Terapias y tratamientos experimentales —no financiados públicamente— que, en algunos casos, han conocido prácticamente por casualidad. Uno de ellos es el traje de electrodos en torno al que gira este reto que la pequeña usa desde hace cinco años y que ahora debe renovar porque ha crecido. El nuevo cuesta 6.500 euros, lo que permite ahorrar otros 8.500 en la centralita que controla los electrodos, que sirve a pesar del cambio.
Yaiza debe equiparse con este sistema una hora al día. Esto provoca pequeñas descargas eléctricas que actúan sobre la musculatura y ayudan a reducir la espasticidad, es decir, la tensión en los músculos. Según la familia, el efecto dura más de 24 horas, además de los beneficios a largo plazo.
"Ella está todo el rato con las piernas cruzadas", explica Isabel. La espasticidad hace que sus piernas se crucen o se coloquen en forma de tijera incluso cuando está relajada. El traje le permite tener las piernas más relajadas, poder mejorar su postura y caminar con mayor facilidad. Además, también le ayuda a aliviar los calambres que aparecen especialmente durante la noche.
Tanto la familia como Yaiza son conscientes de que el tratamiento no cura la parálisis cerebral que padece, pero sí puede mejorar su calidad de vida. Y aquí su madre lo tiene claro: se agarrarán siempre a cualquier oportunidad que ayude a Yaiza a ganar autonomía. "Con que le mejore un 1% su calidad de vida, para mí ya compensa, cueste lo que cueste", asegura su madre.
El principal problema reside precisamente en el coste económico que supone esta enfermedad. Isabel lo ejemplifica con unas simples zapatillas, que a cualquier niño pueden durarle meses e incluso años, pero para ellos es un gasto recurrente —prácticamente cada semana— porque las deteriora en tan solo unos días al caminar. Una sesión de fisioterapia especializada puede superar los 100 euros, mientras que determinadas terapias a las que acuden en Alicante suponen un gasto superior a los mil euros.
Incluso algo tan cotidiano como elegir un hotel, una playa o un nuevo colegio obliga a pensar antes en la accesibilidad que en cualquier otro asunto. "Cuando tienes un niño con alguna discapacidad, tu vida cambia del todo", resume Isabel.

Un reto solidario y original
Es en este punto cuando aparece la idea de Hugo Girão, que decide cambiar el destino de un reto con el que llevaba meses en mente. Su primera idea era pasar 24 horas caminando para recaudar fondos para la asociación Corriendo con el Corazón por Hugo, en la que colabora, pero se enteró de que Yaiza necesitaba un nuevo traje. Habló con Raúl Vara, presidente de la asociación, y después con Isabel. Así lo decidieron: los 100.000 pasos serían por Yaiza.
De este modo, a partir de las 12:00 horas de este sábado, una cinta de correr en el Z Zamora Fitness Center se convertirá durante 24 horas en epicentro de la solidaridad a través de un desafío muy particular. Hugo comenzará a caminar a mediodía y espera haber alcanzado los 100.000 pasos —unos 75 kilómetros— a la misma hora del domingo. No lo hará solo: habrá compañía, retransmisiones en directo, actividades y una hucha para participar económicamente con todos los que se quieran sumar a la causa.
Por muy alocada que pueda parecer la hazaña, no se trata de algo improvisado. Hugo lleva más de seis meses entrenando y ha llegado a completar 45.000 pasos en apenas seis horas. Combina caminatas con trabajo de fuerza, mientras que los últimos días ha reducido la carga para llegar a hoy lo más preparado y, a su vez, descansado posible.
Cabe destacar que al reto se le suma un obstáculo: Hugo es diabético. Por tanto, tendrá que controlar especialmente su alimentación y sus niveles de glucosa en un momento en el que se pondrán a prueba sus piernas y su nivel de resistencia. "Estos retos, más que físicos, son psicológicos", reconoce Hugo. Llegarán las horas de la madrugada, el cansancio, el dolor y un mismo espacio, una cinta que puede convertir los minutos en una eternidad.
Es por eso que Hugo pide toda la compañía posible durante esas horas. Amigos, vecinos, miembros de la asociación o cualquiera que quiera acercarse hasta el gimnasio a conversar o animarle será bien recibido. La idea es que sea una experiencia compartida y Hugo, de alguna forma, nunca esté solo sobre esa cinta.
Sin embargo, la presencia más especial será la de la propia Yaiza. La niña quiere acompañarle durante el reto y se ha estado preparando en casa caminando sobre una cinta. Agradece el gesto de Hugo y quiere devolvérselo de esta manera. Isabel sabe que tendrá que convencerla para que descanse: "No quiere dejar solo a Hugo en ningún momento para que no le pase nada". Además, en determinados momentos, Yaiza se subirá a otra cinta para caminar junto a él, instante que se convertirá en algo simbólico: los pasos de Hugo representarán la solidaridad y los de Yaiza, la autonomía y el creer que nada es imposible.
Alrededor de este reto se ha movilizado buena parte de la sociedad zamorana. Hay patrocinadores, donaciones particulares, sorteos de camisetas de los equipos de fútbol, baloncesto y balonmano de la ciudad, y se llevarán a cabo este mismo sábado por la tarde dos masterclass de zumba y taichí, cuyos ingresos se destinarán a la compra del traje. Desde la asociación anunciaron hace una semana que la recaudación total ascendía ya a casi 5.000 euros, por lo que el objetivo está muy cerca.
Porque el reto, más allá de alcanzar los 100.000 pasos y reunir el dinero necesario, está en algo mucho más humano. Está en las piernas de Yaiza, en la reducción de sus calambres, en la mejora de su capacidad para caminar y en la posibilidad de poder hacer todo aquello que hacen los niños de su edad con la mayor libertad posible. "Yaiza pregunta a menudo por qué la gente que no la conoce también la quiere ayudar", confiesa Isabel. Hoy 100.000 pasos intentarán darle la respuesta con ese apoyo incondicional de Hugo y el resto de zamoranos que se han conmovido con su historia.



