Bien sabido es el hecho de que es importante mantener vivas las tradiciones en todas sus vertientes, ya sea música, danza, literatura, poesía o incluso deportes. Este último caso es el que se está viviendo estos días a casi 8.300 kilómetros de Zamora, concretamente, en Kirguistán. Y es que desde el 31 de agosto y hasta este domingo 6 de septiembre se están disputando en el país los Juegos Mundiales Nómadas, una competición dedicada a los deportes étnicos de Asia Central.
Y es que la edición de este 2026, la sexta celebrada hasta la fecha, cuenta con presencia zamorana. Víctor Rodríguez desembarcaba en Kirguistán junto a Nerea González, como parte de la delegación española, para participar por primera vez en estos juegos. "Teníamos previsto un viaje a Kirguistán en estas fechas, y buscando información por internet nos enteramos de la existencia de esta competición", relata Rodríguez en declaraciones a Zamora24horas y añade que "vimos que competía España, hablamos con la jefa de la Delegación Española para ver si podíamos participar en la disciplina de juegos de mesa tradicionales y, tras hacernos una prueba, nos dijo que sí. Empezamos a practicar jugando entre los miembros del equipo español y aquí estamos", comenta.
Este zamorano, junto al resto de miembros de su equipo, participan en Toguz Korgool, un juego de mesa de origen kirguís y kazajo de la familia de los 'mancala', característicos por los receptáculos del tablero, destinados a albergar las fichas o 'semillas' con las que se juega. "Es un poco como las damas", explica Víctor, quien matiza que es un juego "fácil de jugar, pero difícil de ganar". "Saber los movimientos es muy fácil, pero saber ganar y tener estrategias es lo difícil", asegura.
Este lunes participaba en la ceremonia inaugural, como si de los propios Juegos Olímpicos se tratase. "Fue una experiencia única", afirma y comenta que "los participantes estuvimos todo el día juntos en los alrededores del estadio, unas cuatro mil personas de muchos países, hablando, conociéndonos y haciéndonos fotos, intercambiando impresiones, recuerdos y ropa tradicional".
Asegura que la experiencia está siendo "inolvidable". Y es que la que bien podría entenderse como 'villa olímpica' se encuentra a orillas del lago Issyk-Kul, el más grande del país, dando una estampa que, al verla, cabría primero pensar que se trata de una imagen mediterránea y no de un lago de Asia Central a más de 1600 metros de altitud sobre el nivel del mar.




