«El tren nos hace a todos libres y señores». Agustín García Calvo pronunció estas palabras en 1985, durante las movilizaciones contra el cierre de la línea ferroviaria de la Vía de la Plata. Miles de personas salieron a la calle para protestar por la desaparición de un servicio que conectaba territorios y permitía viajar sin depender del automóvil. García Calvo estaba entre quienes defendían el tren, pero su frase iba más allá de una reivindicación de transporte: hablaba de la libertad frente a una forma de organizar la vida que se presenta como inevitable.
El ferrocarril era una cuestión concreta, una línea que se podía cerrar y una protesta que se podía convocar. También era una manera de discutir el orden establecido. García Calvo desconfiaba de las grandes palabras cuando servían para justificar decisiones tomadas desde arriba, y de una realidad que se impone como si no existiera alternativa. «La Realidad no es todo lo que hay», resumiría años después en una entrevista publicada por la revista CNT. La frase condensa buena parte de su pensamiento: no aceptar que lo existente sea necesariamente lo único posible.
El 15 de octubre de 2026 se cumplen cien años de su nacimiento en Zamora. García Calvo murió en la misma ciudad el 1 de noviembre de 2012, a los 86 años, después de una trayectoria que desbordó los límites de la universidad y de cualquier disciplina. Fue filólogo clásico, catedrático de Latín, poeta, dramaturgo, traductor y ensayista. Pero, por encima de las etiquetas, construyó una obra atravesada por una misma actitud: poner en cuestión el poder, el lenguaje y las certezas con las que una sociedad se explica a sí misma.
Su relación con Zamora no se limita al lugar de nacimiento ni a la vuelta final a la ciudad. También aparece en una de sus propuestas más insólitas, en sus canciones y en su particular recreación de la historia local. La ciudad está presente en su obra, aunque nunca como una postal inmóvil ni como un motivo para la complacencia.
Una de esas conexiones es la Comuna Antinacionalista Zamorana, un manifiesto que proclama la fundación de una comuna cuya función es combatir, de palabra y de hecho, por la desaparición del Estado español y del Estado en general, así como por la liberación de Zamora y su comarca. No se trataba de una institución convencional ni de una organización política al uso. El propio nombre reunía dos de sus posiciones más reconocibles: la crítica del nacionalismo y el rechazo de las estructuras de poder que se presentan como naturales.





