El curso termina, pero las obligaciones laborales no entienden de vacaciones. Para miles de familias, el verano supone cada año un complejo ejercicio de organización en el que cuadrar horarios, buscar apoyos y encontrar alternativas para que los hijos estén atendidos mientras los padres trabajan. En ese escenario, el programa Conciliamos se ha consolidado como uno de los recursos públicos más valorados por las familias de Castilla y León, y también de la provincia de Zamora.
Colegios que vuelven a abrir sus puertas, patios repletos de juegos, talleres de manualidades, actividades deportivas, cuentacuentos, dinámicas en grupo y excursiones conforman el día a día de una iniciativa impulsada por la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades que convierte las vacaciones escolares en un espacio de aprendizaje, convivencia y diversión.
Este verano, el programa se desarrolla en 217 centros educativos de 216 localidades de Castilla y León, un crecimiento del 12 % respecto al año anterior, con más de 11.500 niños inscritos en el primer periodo estival, un 7 % más que en 2025. Una cifra que seguirá aumentando, ya que el segundo plazo de inscripción permanece abierto hasta el 7 de julio.
Una respuesta a una necesidad real
La filosofía de Conciliamos es sencilla: ayudar a que las familias puedan seguir desarrollando su actividad laboral mientras sus hijos disfrutan de un entorno seguro y educativo durante las vacaciones.
Así lo resumía el vicepresidente primero y consejero de Desregulación, Familia y Ayudas Sociales, Carlos Pollán, durante su visita a uno de los centros participantes. "Lo que pretende este programa es facilitar la vida de los ciudadanos, que es lo que deben hacer las políticas públicas: permitir que los padres desarrollen su actividad laboral durante el periodo vacacional de los escolares con la tranquilidad de saber que sus hijos quedan en buenas manos".
Pollán destacó además el crecimiento experimentado por una iniciativa que cada verano gana presencia en el territorio. "Son ya 217 centros y 216 poblaciones las que participan, con más de 11.500 niños en este primer periodo, lo que demuestra que es un programa plenamente consolidado y cada vez más demandado por las familias".
Un verano para jugar... y aprender
Aunque el objetivo principal es favorecer la conciliación, Conciliamos es mucho más que un servicio de cuidado infantil.
Los menores, de entre 3 y 12 años, ampliándose hasta los 14 en el caso de niños con necesidades específicas de apoyo educativo, permanecen atendidos por monitores de ocio y tiempo libre que organizan una programación adaptada a cada edad.
Manualidades, actividades artísticas, deporte, juegos cooperativos, animación a la lectura o talleres sobre igualdad, convivencia y derechos de la infancia forman parte de unas jornadas donde el aprendizaje se produce de forma natural.
Este verano, además, muchas de las actividades giran en torno al patrimonio histórico, cultural y natural de Castilla y León, acercando a los participantes la riqueza de su propia comunidad.
"Es una tranquilidad"
Esa utilidad práctica es la que destacan las propias familias. Ana González, madre trabajadora de Zamora, lleva a su hijo al programa que se desarrolla en el CEIP Sancho II, en la capital zamorana."Es una tranquilidad poder disponer de este servicio. La conciliación es muy difícil a día de hoy".
Para ella, el beneficio va mucho más allá de cubrir unas horas mientras trabaja. "Me permite seguir trabajando y que mi hijo pase ese tiempo con niños de su edad y sin estar pegado todo el día a una pantalla".
Aunque los participantes regresan al colegio durante el verano, la experiencia es completamente distinta. "Siguen yendo al centro educativo, pero lo sienten como vacaciones porque las actividades son muy amenas y muy diferentes".
Y añade una realidad compartida por muchas familias."Para los padres es un descanso no tener que molestar a otros familiares o invertir en otros servicios para poder seguir trabajando".
Una apuesta por la conciliación también en el medio rural
Uno de los grandes cambios de Conciliamos en los últimos años ha sido su expansión al medio rural.
Desde 2021 cualquier municipio de Castilla y León puede adherirse al programa, independientemente de su tamaño, reduciendo además el número mínimo de participantes necesarios para ponerlo en marcha.
Gracias a ello, la conciliación también ha llegado a pequeños pueblos zamoranos, donde disponer de un recurso de estas características resulta especialmente importante para mantener la actividad laboral de las familias.
El funcionamiento del programa se basa en la colaboración entre administraciones. Los ayuntamientos ceden colegios o instalaciones municipales y asumen los gastos corrientes, mientras que la Junta financia a los monitores y todo el material necesario para desarrollar las actividades.
Un programa que no deja de crecer
Conciliamos ha ido incorporando mejoras prácticamente cada año.
En 2026 la principal novedad es la ampliación del servicio a los primeros días no lectivos del mes de septiembre, completando así prácticamente todos los periodos vacacionales del calendario escolar. "Era una demanda de las familias y creemos que es de justicia facilitarles también esa conciliación durante los primeros días de septiembre", explicó Pollán.
A ello se suma otra decisión mantenida desde hace más de una década. El precio del programa permanece congelado desde 2013, una medida que, según el vicepresidente primero, responde a la voluntad de que ninguna familia renuncie a este recurso por motivos económicos."Somos conscientes de que el poder adquisitivo de las familias no evoluciona al mismo ritmo que el coste de la vida y entendimos que debíamos mantener el mismo importe para facilitar el acceso al programa".
Más que unas vacaciones
Conciliamos forma parte del Plan Familias de la Junta de Castilla y León, una estrategia que presta apoyo a más de 300.000 familias con menores de 25 años.
Pero más allá de las cifras, el programa se mide cada verano en pequeñas escenas cotidianas: padres que pueden acudir a trabajar con tranquilidad, niños que hacen nuevos amigos, monitores que convierten un aula en un espacio de creatividad y colegios que, lejos de quedarse vacíos, siguen siendo lugares de encuentro.
Porque conciliar no consiste únicamente en cuadrar horarios. También significa ofrecer a los niños un verano activo, educativo y lleno de experiencias mientras las familias pueden desarrollar su vida laboral con la tranquilidad de saber que están en buenas manos




