La Plaza de la Catedral volvió a abarrotarse este pasado domingo para despedir el XXII Festival Internacional de Folklore de Zamora. Cientos de personas ocuparon los asientos y cualquier otro rincón del espacio para disfrutar de una gala de clausura que convirtió de nuevo esta emblemática zona de la ciudad en un gran escenario al aire libre. Fue este el último compás para poner el broche a un fin de semana cargado de actos en los que Zamora ha sido el punto de encuentro de los bailes tradicionales de distintas zonas del mundo.
Hasta 150 bailarines de cinco países han traído a Zamora sus trajes, músicas y su forma de entender la cultura. Desde Chile hasta Polonia, pasando por Senegal, Turquía y Sicilia. Todos han compartido protagonismo junto a la anfitriona Asociación Etnográfica Don Sancho y el grupo cacereño El Redoble, en una edición que demuestra un año más algo importante: el folklore no entiende de fronteras.
Al igual que la inauguración, la clausura cerró el festival con todos los participantes sobre el escenario. Los bailes se sucedieron ante la atenta mirada del público y, dada la masiva asistencia, con el objetivo principal unido: mantener viva por mucho tiempo la memoria de cada pueblo.
Las calles y plazas han acogido durante el fin de semana sonidos y pasos de baile llegados de lejos, permitiendo que los zamoranos conozcan otras formas de celebrar, de contar una historia o incluso de reconocerse entre culturas diversas que, en realidad, comparten la misma ilusión de mostrar sus costumbres. Dicho de otro modo, consiguiendo que las tradiciones dejen de ser recuerdo y se conviertan en presente.
Por todo lo alto se despidió la vigesimosegunda edición de un festival en el que el mundo volvió a bailar en Zamora y sus vecinos lo observaron, lo escucharon, lo vivieron y lo disfrutaron. Solo queda esperar al próximo año en una edición que traerá seguro sorpresas y nuevas culturas por descubrir.



