La Plaza Mayor pasó en apenas dos horas de convertirse en el escenario de un sueño colectivo a ser el lugar donde se rompieron cientos de corazones. Frente a la pantalla gigante instalada por los hosteleros de la zona, centenares de aficionados del Zamora CF vivieron con una intensidad desbordante una final que terminó de la forma más cruel posible. Al final, las lágrimas sustituyeron a los cánticos y los abrazos de consuelo reemplazaron a la celebración que todos imaginaban.

El partido comenzó con nervios entre los seguidores rojiblancos. El primer gol del Centre d'Esports Sabadell, obra de Javi López a los veinte minutos, silenció por unos instantes una Plaza Mayor que no dejó de creer. Cada balón recuperado, cada acercamiento al área catalana y cada decisión arbitral protestada desde la Nova Creu Alta encontraba una respuesta inmediata en Zamora, donde los aficionados seguían cada jugada con el alma en vilo.
La esperanza regresó con fuerza tras el descanso. El Zamora salió decidido, dominó el encuentro y encerró al Sabadell durante buena parte de la segunda mitad. En la Plaza Mayor los aplausos crecían con cada llegada, convencidos de que el gol acabaría llegando.





