La Plaza Mayor pasó en apenas dos horas de convertirse en el escenario de un sueño colectivo a ser el lugar donde se rompieron cientos de corazones. Frente a la pantalla gigante instalada por los hosteleros de la zona, centenares de aficionados del Zamora CF vivieron con una intensidad desbordante una final que terminó de la forma más cruel posible. Al final, las lágrimas sustituyeron a los cánticos y los abrazos de consuelo reemplazaron a la celebración que todos imaginaban.

El partido comenzó con nervios entre los seguidores rojiblancos. El primer gol del Centre d'Esports Sabadell, obra de Javi López a los veinte minutos, silenció por unos instantes una Plaza Mayor que no dejó de creer. Cada balón recuperado, cada acercamiento al área catalana y cada decisión arbitral protestada desde la Nova Creu Alta encontraba una respuesta inmediata en Zamora, donde los aficionados seguían cada jugada con el alma en vilo.
La esperanza regresó con fuerza tras el descanso. El Zamora salió decidido, dominó el encuentro y encerró al Sabadell durante buena parte de la segunda mitad. En la Plaza Mayor los aplausos crecían con cada llegada, convencidos de que el gol acabaría llegando.
El equipo rojiblanco siguió empujando y la Plaza acompañó cada ataque como si desde Zamora pudiera empujar el balón hacia la portería catalana. A dos minutos del final, un disparo de Mario volvió a levantar a toda la afición, pero el balón no encontró el camino del gol. Apenas unos segundos después llegó el golpe definitivo. Eneko aprovechó una de las pocas ocasiones del Sabadell en la segunda parte para marcar el segundo tanto y dejar helada la Plaza Mayor.
Los minutos finales fueron un carrusel de emociones. El Zamora se lanzó con todo en busca de un milagro, pero el desenlace fue todavía más cruel. Con el equipo completamente volcado, llegaron el tercer y el cuarto gol del Sabadell, mientras en la Nova Creu Alta la invasión de campo obligaba incluso a detener el encuentro antes de que pudiera disputarse el tiempo restante.
En la Plaza Mayor ya nadie miraba el marcador. Había aficionados con las manos en la cabeza, otros abrazados en silencio y muchos con lágrimas en los ojos tras ver escapar un ascenso que parecía al alcance de la mano durante gran parte de la segunda mitad. El 4-0 final resultó excesivo para lo visto sobre el césped, pero el marcador fue lo de menos para una ciudad que había vuelto a ilusionarse con su equipo.

La pantalla gigante se apagó entre un largo aplauso dedicado a un Zamora CF que cayó con orgullo. Porque, pese al dolor de la derrota, la afición rojiblanca volvió a demostrar que nunca deja solo a su equipo. Esta vez, el sueño terminó entre lágrimas en una Plaza Mayor que había estado preparada para celebrar un ascenso histórico.




