La Plaza de Viriato fue la sede del rastro-trueque que de forma semanal se celebra en diferentes barrios de Zamora. Esta vez, la AVZ quiso llevar esta iniciativa a la céntrica plaza de la capital para darle un mayor realce y visibilidad a la acción, teniendo en cuenta la gran cantidad de turistas que recorren esta zona mientras pasean por el Casco Antiguo de la ciudad.
Esta iniciativa fue muy bien acogida por los encargados de los puestos. “Es cierto que en los barrios hay mucha gente y siempre suele haber movimiento de artículos, pero el venir hasta el centro nos permite que muchos turistas puedan sentir curiosidad por algunas piezas interesantes”, comentaba uno de los vendedores. No obstante, eran muchos los viandantes que se detenían a mirar con curiosidad algunos de los puestos.
Dentro de estos visitantes, tanto turistas como vecinos de la propia capital, había disparidad de opiniones. Por un lado estaban los que veían en esta iniciativa una forma más de dinamizar la zona: “Es una manera de hacer que el turista no solo camine en busca de edificios carismáticos, que en su mayor parte son iglesias en Zamora, sino que además también se detenga para observar este mercado libre que funciona a la antigua usanza con intercambios, compras, ventas e incluso regalarlos”.
Eso sí, había quien no veía con buenos ojos esta actividad. Para un vecino de la zona, el rastro-trueque es una forma de “afear una zona tan emblemática como la Plaza Viriato”. Una opinión que argumentaba de la siguiente forma: “Una cosa es un mercadillo en el que se puedan vender artículos artesanales, con un orden y con una homogeneidad a la hora de poner los puestos. Pero mezclar buenos puestos con puestos llenos de artículos viejos y cada uno colocado donde quiere y como quiere, creo que no le hace ningún favor a la ciudad”, comentaba visiblemente molesto.
Pese a las opiniones encontradas, fueron muchos los viandantes que decidieron detenerse durante algunos minutos en la Plaza de Viriato para ver los diferentes puestos y en algunos de los casos interesarse por adquirirlos.



