“Una figura excepcional en casi todos los sentidos. Dotado de una extraordinaria capacidad creadora y, a la vez, crítica, escribió poesía, tradujo a clásicos y a poetas franceses y realizó también una obra plástica notable, sobre todo pintura y grabado”. Así define a Aníbal Núñez Concha San Francisco, conocedora de la obra descrita y moderadora de la mesa en la que se trató la figura del poeta y pintor, circunstancias que precedieron con mayúsculas a su condición de prima carnal del artista. “Ésa es la anécdota que me permitió estar en esa mesa redonda. Hemos intentado que viniera la exposición a Zamora porque buena parte de su obra está en Salamanca. Quería que se hablara de Aníbal Núñez no sólo por ser familiar sino, sobre todo, porque cada vez que me acerco a su obra me parece mejor”, afirma.
Concha San Francisco se refiere a la exposición 'Aníbal Núñez, de vuelta a Zamora', que muestra desde hace varias semanas parte de la obra del artista multidisciplinar charro, que dejó una huella “muy especial” en quienes tuvieron la oportunidad de conocerle, aunque no tuvo más que una pequeña parte del tiempo esperado, ya que falleció a los 43 años. “Fue un hombre muy especial. No volaba al mismo rasero que los demás sino que lo hacía por encima. Había soltado amarras con muchas cosas que a nosotros nos preocupan pero que a él no le interesaban. Estudió Filología Moderna pero no se dedicó a la enseñanza. Trabajó en la creación, fuera de las reglas de los comunes”, comenta. “Vivió su tiempo con una mirada crítica, fuera de las convenciones y al margen de la cultura oficial y supo expresar esa disidencia con su alta capacidad para el uso de la palabra”, añade.
Antologías
La obra poética de Núñez no fue completamente reconocida en tiempo dentro del panorama de la poesía contemporánea o, al menos, no fue valorada como lo está siendo ahora, publicada e introducida en varias antologías y traducida a otras lenguas, como el inglés. “Escribió una obra muy considerable y muy considerada. En su momento no fue muy reconocido por las instancias oficiales y editoriales. Era un hombre muy crítico, que llamaba al pan, pan y al vino, vino. Iba al café Corrillo en Salamanca y se movía en muchos ambientes de esa ciudad donde pasó casi toda su vida”, indica Concha San Francisco. “Le interesaba la ciudad, las ruinas, el urbanismo, habló sobre la decadencia de la ciudad y sobre la naturaleza, que está presente en su obra poética constantemente. Anunció la situación que se venía encima, la decadencia de la propia naturaleza y de la cultura rural, por ejemplo”, agrega.
La figura de Aníbal Núñez resurge con fuerza 27 años después de su muerte para permitir al público conocer su intensa creatividad y la “cantidad de palos que supo tocar”, aunque el más conocido de ellos sea la obra poética. “Vuelve a la tierra familiar a la que le unían fuertes lazos de antigua posesión de linajes y de pensamientos y a la que tantas veces se acercaría no sólo con palabras”, concluye.
El artista
Aníbal Núñez San Francisco (Salamanca 1944-1987) fue, según recoge la Wikipedia, poeta, pintor, grabador, ilustrador y traductor. Hijo del conocido fotógrafo salmantino José Núñez Larraz y de Ángela San Francisco, mujer “culta y comprometida” de origen zamorano. Murió tempranamente, a la edad de 43 años. Estudió Filología Moderna en la Universidad de Salamanca y tradujo a autores como Rimbaud, Propercio y Catulo, entre otros.
Abandonó la actividad docente por propia voluntad. Es autor de una obra poética de indudable calidad, cuyo reconocimiento continúa creciendo hoy en día, sin que la crítica logre encasillar su originalidad en tendencia alguna de la poesía contemporánea.
En cuanto a su obra pictórica también es abundante. Se formó en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy y en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca, a cuyo Taller de Grabado perteneció. Figura en la Historia del Grabado en España, de A. Gallego. Ha ilustrado revistas de poesía y realizado carteles y portadas de libros. Sus trabajos se hallan diseminados, aunque una gran parte fue recogida por la Asociación de Amigos del Museo de Salamanca y en él depositada.
Su obra poética está formada por '29 Poemas' (1967, en colaboración con Ángel Sánchez), 'Fábulas domésticas' (1972), 'Naturaleza no recuperable' (1976), 'Taller del hechicero' (1979), 'Cuarzo' (1981), 'Trino en estanque' (1982), 'Alzado de la ruina' (1983), 'Estampas de ultramar' (1986), 'Clave de los tres reinos' (1986), 'Cristal de Lorena' (1987), 'Edición póstuma: Figura en un paisaje' (1993), 'Obra poética completa' (1995), 'Cartapacios 1961-1973 (2007).




