El agua esconde lo que la tierra conserva a la vista. En Ricobayo, esa diferencia ha convertido un accidente ferroviario ocurrido hace más de seis décadas en una historia que reaparece cada vez que baja el nivel del embalse. Bajo el viaducto Martín Gil, entre las aguas del Esla y las paredes de pizarra, permanecen los restos de unos vagones que el 19 de octubre de 1964 cayeron al vacío después de una explosión que nadie ha conseguido explicar con certeza documental.
Aquel día, un tren de mercancías que viajaba desde Ourense hacia Zamora atravesaba el viaducto cuando una detonación sacudió la composición. Eran aproximadamente las siete menos cuarto de la tarde. El convoy transportaba material pirotécnico y la explosión se produjo cuando estaba terminando de cruzar el puente, en la zona de la gran pilastra situada junto al final del arco central.
La violencia de la detonación hizo que el vagón que contenía la carga y otros siete vehículos se precipitaran al fondo del embalse. La locomotora y los catorce vagones restantes lograron permanecer sobre la vía. El tren pudo continuar hasta la estación de Andavías después de que el maquinista volviera a enganchar la composición que había quedado separada.
Pero el hecho de que la mayor parte del convoy consiguiera seguir adelante no evitó la tragedia. Un trabajador ferroviario murió y otros cuatro resultaron heridos. El accidente dejó una imagen que perduraría en la memoria de quienes conocieron el suceso: la de un tren que había cruzado el puente dejando tras de sí un vacío imposible de llenar.
142 kilos de pirotecnia y una pregunta sin respuesta
La cifra resulta difícil de imaginar incluso hoy: 142 kilos de material pirotécnico viajaban en uno de los vagones. La carga había sido embarcada en Ourense y tenía como destino Benavente. Su presencia es uno de los datos más concretos que han sobrevivido a la reconstrucción del accidente.




