Escribía Marcel Proust en 1913 sobre aquella famosa magdalena que retrotrajo al narrador de 'En busca del tiempo perdido' a casa de su tía Leonie en el pueblo de Combray. Y es que hay olores y sabores que nos trasladan a momentos pasados y que muchas veces tienen como principal ingrediente el cariño. Y bajo la premisa de aglutinar todos esos sabores casi mágicos nacía el recetario que está desarrollando Ángel Furones, un vecino de Pueblica de Valverde.
Según explica a Zamora24horas, esta idea nace como respuesta a "la situación de nuestros pueblos". "Los jóvenes en general no es que tengamos demasiado interés por aprender estos temas de cocina o de tradiciones, al final estamos más acostumbrados a consumir en el momento", apunta y añade que estas recetas son "una manera de recordar".
"Me parece una iniciativa bonita de llevar a cabo", afirma y asegura, en este sentido, que "también es crear comunidad entre la gente del pueblo". Es ese sentimiento de pertenencia también el que motivaba a este joven vecino de Pueblica de Valverde, un pueblo como tantos otros afectado por la despoblación que aqueja a la Zamora rural.
En este sentido, lamenta que "en el pueblo de noviembre a marzo no se ve ni un alma por la calle, no llegamos ni a 60 habitantes en invierno". "El hecho de que tengamos una excusa para poder juntarnos los pocos que somos y pasar una tarde en buena compañía, riéndonos o compartiendo nuestra cultura, nuestros platos y demás, pues tiene que estar chulo", apunta.
Y es que además del recetario, la iniciativa de Ángel contempla la posibilidad de realizar jornadas para poner en práctica todas las recetas que se recopilen y así compartir entre todos esos sabores de la tradición. Para el propio Ángel, ese sabor llega a través de las crestas a la zamorana. "Son mi plato favorito, aunque también me han pedido que haga el pulpo de mi madre", explica.
Así, con una iniciativa en la que "todas las recetas tienen cabida", muchos serán los platos, los sabores y los olores, pero todos tendrán en común los ingredientes más importante: el cariño, el sentimiento de pertenencia a un pueblo y el amor por él y por mantenerlo vivo. Igual que Proust y la magdalena, muchos serán los recuerdos que aflorarán con cada una de estas recetas, demostrándose una vez más que los pueblos y sus tradiciones nunca morirán mientras haya quien luche por mantenerlos vivos.



