Hay recuerdos que desaparecen cuando muere quien los guarda. Nombres de caminos que ya nadie pronuncia, lindes que solo algunos saben reconocer, historias escondidas detrás de una casa o el nombre popular de un campo que jamás apareció en un mapa. Daniel Bragado fotografía precisamente contra ese olvido.
Su abuelo, Agustín, nació en Tardobispo, en Zamora. Mucho antes de emigrar a Galicia, trabajó en las dehesas como pastor. Aunque su nieto precisa que quizá la palabra exacta sea otra: fue un "ajustado".
El denominado ajuste era un sistema por el que niños de familias humildes del mundo rural eran contratados por propietarios para trabajar cuidando ganado. Agustín comenzó con apenas diez años.
Salía al campo de madrugada y regresaba también de madrugada. Cuando regresaba. Había noches en las que debía permanecer junto a las ovejas y dormir a la intemperie. Otras veces, "si tenía suerte", como él mismo contaba años después, podía refugiarse en las casetas de los animales.
De aquellos años quedaron marcas en la piel. Pero también un conocimiento extraordinario del territorio. Décadas después, cuando Daniel viajaba de vacaciones a Tardobispo y paseaba junto a su abuelo, Agustín era capaz de detenerse ante prácticamente cualquier rincón y contar su historia.
"Era capaz de decir diez cosas diferentes de cada campo o de cada casa", recuerda su nieto. Sabía quién había sido el propietario, cómo llamaban los vecinos a una tierra o hasta dónde conducía cada sendero. Daniel escuchaba. Y aprendía. "Yo aprendí mucho de mi abuelo en esos paseos y creo que él nunca se dio cuenta".
De aquellas caminatas nace ahora ‘Pastor’, un proyecto fotográfico que lleva la memoria del mundo rural de Zamora al antiguo Matadero de Gondomar, en Pontevedra. La exposición del fotógrafo gallego puede visitarse hasta el 12 de julio y es, ante todo, un homenaje a Agustín. Pero también a toda una generación.
"Personas que levantaron la tierra que nosotros habitamos. La levantaron en silencio, pero su labor fue gigante", explica el autor. Agustín dejó Zamora con 20 años. Emigró a Galicia junto a sus hermanos y allí construyó la familia de la que, años después, nacería Daniel. Sin embargo, el vínculo con Tardobispo y con los campos de su infancia nunca desapareció.
Ahora es su nieto quien regresa a aquellos lugares con una cámara.
Cada fotografía funciona como un paseo pendiente con su abuelo. Daniel escribe en esos paisajes aquello que cree que Agustín le diría si todavía caminaran juntos por ellos.
"Para mí, cada foto es un recuerdo, un aprendizaje, un paseo con mi abuelo".
La exposición no se limita a las imágenes. Una instalación reúne objetos íntimamente vinculados con el campo y con la vida de Agustín. Elementos sencillos que, bajo la mirada del fotógrafo, construyen una biografía. Está la carrasca, el árbol pequeño que algún día será encina y que acompañaba sus paseos por los campos zamoranos.
Está la lana. La lana de las ovejas que Agustín cuidó y que utilizaba, junto a las pieles, para protegerse del frío cuando tenía que dormir en la dehesa.
Está la piedra. La misma sobre la que se sentaba, con la que se levantaban las casas y con la que se delimitaban las fincas, las conocidas en Zamora como cortinas. También aparece el botijo, utilizado para transportar agua durante las jornadas en el campo, y el bastón.
El bastón quizá sea el objeto que mejor resume toda una vida. Fue herramienta de pastoreo durante la infancia de Agustín y hoy es apoyo en su vejez. El tiempo cambió su utilidad, pero nunca su presencia.
Todos los objetos están unidos por un pequeño camino de tierra y arena. Es el paseo. El pueblo. Ese caminar tranquilo y sin dirección por los campos que durante años compartieron abuelo y nieto.
Hoy Agustín es mayor. Daniel reconoce que quizá ya no recuerde muchos de aquellos lugares que antes era capaz de describir con una precisión extraordinaria.
Pero quedan las fotografías. "La fotografía tiene el poder de momificar los recuerdos y hacer de ellos monumentos".
‘Pastor’ es la forma de Daniel Bragado de agradecer a su abuelo todo aquello que le enseñó sin saber que estaba enseñándole. Una rebelión íntima contra el olvido que ha convertido los campos de Zamora, sus objetos y sus caminos en memoria.
La exposición puede visitarse en el antiguo Matadero de Gondomar hasta el 12 de julio, de 10.00 a 14.00 horas y de 16.30 a 21.00 horas, con entrada libre.
Porque, como resume el propio proyecto, "para no olvidar lo que sabemos, no debemos olvidar a quien nos lo enseñó".




