Hay caminos que no se trazan sobre un mapa. Miriam Avecilla avanza siguiendo una brújula poco convencional: el barro.

Le gusta decir que el barro siempre toma sus decisiones antes que ella. Hace tres años llegó a Venialbo sin saber exactamente qué encontraría allí. Ni siquiera conocía el pueblo. Poco después empezaron a aparecer esas coincidencias que parecen demasiado precisas para ser solo azar: barreros de donde extraer arcilla, una feria de cerámica, sinergias con otros artesanos en Zamora.
El barro parecía estar señalándole el camino de algo que parecía temporal y terminó convirtiéndose en un lugar donde echar raíces. Así fue como Venialbo se convirtió en el lugar desde el que decidió seguir desarrollando su proyecto.
Licenciada en Bellas Artes y formada en Psicoterapia Humanista Integrativa, Gestalt y Bioenergética, Miriam tiene un proyecto donde el arte, la cerámica y el acompañamiento psicoemocional a las personas encuentran un mismo lenguaje.
Para ella, el barro es una manera de comprender la vida, generar comunidad, volver a lo esencial y mantener una conexión con las raíces.
En un territorio que a menudo aparece bajo el término 'España vaciada', Miriam prefiere mirar hacia todo aquello que todavía está vivo: oficios, conocimientos, artesanos, tradiciones y personas que mantienen una relación profunda con el territorio.
Forma parte de la Asociación de Arte y Artesanía de Zamora, donde ha encontrado una comunidad de artesanos con una forma de trabajar basada en la colaboración, la cercanía y el respeto por sus oficios.
Las formaciones y encuentros que ha organizado en su pueblito han reunido a participantes llegados de distintos puntos de España y también de otros países europeos. Durante unos días, el pequeño pueblo zamorano se convirtió en un punto de encuentro entre quienes llegan para aprender diferentes técnicas de un oficio y quienes llevan generaciones manteniendo vivo el territorio.
Pero la experiencia no termina en el taller.
Quienes participan conocen a las personas que elaboran queso, descubren a productores de miel, visitan bodegas, comen en los bares del pueblo y entran en contacto con quienes mantienen viva la comarca.
Porque para Miriam, aprender cerámica también puede ser una manera de aprender sobre un territorio.
No se trata simplemente de atraer visitantes. Se trata de crear encuentros y demostrar que la cultura, la artesanía y el conocimiento pueden convertirse también en una forma respetuosa de generar vida en el medio rural.
Del Zamora a la Amazonía
La brújula de Miriam ahora la lleva a la Amazonía peruana.
Desde hace años viaja a la Amazonía peruana para seguir aprendiendo de la cerámica ancestral amazónica, una tradición menos conocida internacionalmente que la cerámica andina y que conserva un profundo conocimiento de la relación entre la tierra, la naturaleza y las personas.
En ese camino ha sido fundamental Juanita Bartra, ceramista e investigadora de 87 años y autora de obras dedicadas a las técnicas y la iconografía de la cerámica ancestral amazónica.
A través de ella, Miriam ha podido acercarse al conocimiento de maestros y maestras de distintas comunidades nativas y aprender directamente de quienes todavía mantienen vivas estas tradiciones.
Son conocimientos que no se encuentran únicamente en los libros, sino que se aprenden observando, compartiendo, trabajando y conviviendo.
Lo aprendido regresará después de unos seis meses con Miriam a Zamora. Ella sabe que regresará a la provincia con sus talleres, encuentros y nuevas experiencias e ideas, y con una manera diferente de compartir la propia artesanía.
Ese intercambio dio lugar a 'El origen del hacer', un proyecto impulsado junto a la artista y ceramista argentina Laura Galeotti, creadora de Huellas en el Barro.
El pasado año, grandes ceramistas argentinos viajaron hasta Venialbo para compartir sus conocimientos y ofrecer formaciones. Este año, el camino se invierte: será Miriam quien cruce el Atlántico.
Una estancia para aprender y compartir
En septiembre, Miriam regresará de nuevo a la Amazonía peruana.
Permanecerá varios meses para continuar su proceso de aprendizaje junto a las comunidades con las que lleva años vinculada, colaborando también en sus procesos cerámicos y acercándose a otros saberes relacionados con el territorio.
Será una estancia para convivir, escuchar y aprender. Para comprender desde dentro la relación que estas comunidades mantienen con la tierra y con los materiales que utilizan para crear.
Y precisamente porque entiende que determinados conocimientos solo pueden conocerse desde la experiencia, Miriam ha decidido abrir una pequeña parte de este proceso a otras personas.
Del 17 al 30 de septiembre, un reducido grupo podrá acompañarla durante parte de esta experiencia en la Amazonía.
No se plantea como un viaje turístico convencional, sino como una inmersión cultural y humana a través de la artesanía, la naturaleza y los saberes ancestrales, desde el respeto hacia las comunidades que mantienen vivos esos conocimientos.
Después, el camino continuará hacia Argentina, donde Miriam volverá a encontrarse con Laura Galeotti para seguir desarrollando El origen del hacer y continuar construyendo ese intercambio entre artesanos, artistas y personas interesadas en los oficios tradicionales.
Y tiene claro que regresará.
Porque su viaje no nace de querer marcharse de Zamora, sino de todo lo contrario: viajar para aprender y volver para compartir.
Desde Venialbo, los puentes cruzan océanos
En un momento en el que la llamada España vaciada suele contarse desde la pérdida, historias como esta muestran que también existe otra forma de mirar el medio rural: la de quienes deciden apostar por sus pueblos y hacerlos evolucionar desde el respeto a lo que ya existe, a lo que aún no se perdió, aunque casi.
No desde la explotación de sus recursos ni desde un turismo que pasa de largo, sino desde el arte, la cultura, la artesanía y las personas que mantienen vivo el territorio.
Una manera de generar movimiento sin perder la identidad; de abrir los pueblos al mundo sin dejar de pertenecer a ellos.

Porque, en este caso, desde un pequeño pueblo de Zamora, los puentes no solo llegan a otros territorios: cruzan océanos.



