Centenares de personas acudieron a la Plaza Mayor de la localidad para recordar a Leticia y exigir "justicia real"

El acto, celebrado en la Plaza Mayor de Tábara, reunió a centenares de personas
La Plaza Mayor de Tábara se llenó este domingo de silencio, de rabia contenida y de una emoción que era imposible de disimular. Más de 300 personas se concentraron en el centro de la localidad zamorana para recordar a su querida vecina Leticia Rosino, asesinada hace ahora ocho años, en un acto marcado por un dolor que no cesa y por la indignación ante la puesta en libertad de su agresor.
Familiares, amigos, vecinos y todo aquel que quiso sumarse a este acto arroparon a Inmaculada Andrés, la madre de Leticia, en un día que definió como "doloroso, horroroso y maldito". Un homenaje que tenía otros significados, también alzaba la voz exigiendo justicia y recordando que "él sale, ella no vuelve", como reza el lema de la convocatoria. La concentración, impulsada por la Fundación Leticia Rosino, volvió a convertir el nombre de la joven en un símbolo de lucha contra lo que consideran una falta de proporcionalidad en las penas.
"No pensaba que iba a tener tanto apoyo", reconocía la madre de Leticia, visiblemente emocionada ante las abrumadoras muestras de cariño y agradeciendo la presencia de quienes, en un día tan señalado como este, habían decidido acompañarla. Un apoyo mezclado con la reivindicación ante la inminente salida de prisión del autor del crimen —menor de edad cuando cometió los hechos—, que ha reavivado el malestar de sus seres queridos, que llevan reclamando una reforma en la Ley del Menor. "Una vida no vale ocho años", expresó contundente Inmaculada andrés, insistiendo en que se debe ser proporcional conforme a la gravedad de los delitos cometidos.
El momento más sobrecogedor llegó con el discurso de Inmaculada. Serena, a pesar del dolor, entonó unas palabras que resonaron con fuerza en Tábara: "Hoy su asesino sale en libertad absoluta. Yo haré lo que hago siempre, cuando no puedo respirar: ir al cementerio". Recalcó que no apela al odio, sino a una justicia real, reclamando así cambios urgentes en las leyes para los casos más graves como los de su hija, que midan el daño causado.
La visible emoción entre los asistentes dejó claro que el paso del tiempo no cura unas heridas que provoca la ausencia de una persona tan querida como lo era Leticia Rosino, ni siquiera ocho años después. Los aplausos y las lágrimas llegaron hacia el final de un contundente discurso que seguirá resonando.
Para quienes perdieron a Leticia, la vida se detuvo aquel 3 de mayo de 2018 y ahora el resto es dolor. Por ello, Tábara ha demostrado un apoyo inquebrantable, dejando claro que no olvidan a su vecina, cuyo recuerdo y símbolo de lucha sigue tan presente como el primer día.