En Zamora, la vendimia ya está en marcha desde hace unas semanas, cada vez más lejos de las fechas habituales en las que generaciones de viticultores habían marcado el calendario de la actividad. Tanto en la zona de Toro como en Aliste, dos zonas con características climatológicas ligeramente distintas dentro de la provincia, han comenzado la campaña alrededor del 20 de agosto. Y todo ello con la escasez de mano de obra y la caída generalizada de la demanda como telón de fondo. Así se presenta la campaña de vendimia del año 2026.
Felipe Nalda, presidente de la Denominación de Origen Toro, confirma que varias bodegas comenzaron con las variedades nuevas y más tempranas, como el moscatel de grano menudo y el albillo real, aunque pronto se sumaron algunas parcelas de uva tinta. En Aliste, Benjamín García, productor de Bodega La Mela, donde la estrella es la uva Bruñal —característica de los Arribes del Duero— habla de un cambio todavía más evidente. "Recuerdo que aquí en nuestra zona siempre se vendimiaba por el Pilar, sobre el 12 de octubre", expresa García, evidenciando que en apenas una década la campaña se ha llegado a adelantar como en este caso hasta mes y medio.
El calor estival y la falta de agua están detrás de buena parte de esta transformación. La maduración se acelera con las altas temperaturas constantes y obliga a las bodegas a ajustar los tiempos de recogida con una cosecha que está siendo desigual. En Toro, Nalda define este año como "complicado, muy heterogéneo, tanto en maduración como en volumen".
En el caso de La Mela, Benjamín relata que la campaña ya ha terminado. Empezó con los rosados, continuó con los blancos y ha terminado con los tintos. En cuanto a la calidad, asegura, ha sido "bastante buena", pero el rendimiento ha caído un 10%. Eso sí, comenta que el grado de la uva se ha incrementado en los últimos días.
Las cifras que llegan desde Toro dibujan una campaña que se encuentra ya en un estado avanzado. 49 de las 64 bodegas de la denominación están activas, con una recogida estimada de entre 2,5 y 3 millones de kilos de uva tinta y unos 700.000 kilos de blanca. La previsión es que el volumen termine por debajo del que se registró el año pasado. A pesar de que las lluvias marcaron gran parte del invierno y el final de la primavera, el verano ha estado marcado por el calor intenso y por episodios puntuales de granizo que dejaron daños en algunas zonas.
Vender el vino, un reto añadido
La cosecha es solo la primera parte de un examen que continúa con la venta del vino. El aumento del stock, el descenso del consumo habitual de vino y la dificultad para encontrar mercados añaden incertidumbre a la actividad. "La rentabilidad la veremos cuando salgamos al mercado. Pero hay mucho vino en las bodegas", indica Benjamín García. Una preocupación que también está muy presente en la D.O. Toro, donde se buscan nuevos destinos para los vinos con acciones comerciales en Suiza, China, Singapur, Alemania o Reino Unido.
Frente a un mercado cada vez más competitivo, las grandes bazas están en marcar la diferencia con el producto. En los viñedos de Aliste y zonas próximas a Arribes, la uva Bruñal ayuda a ofrecer un perfil diferente, tal y como cuenta el productor de La Mela: "Jugamos con la variedad". La estrategia es distinta en cada comarca y depende de las fortalezas identificadas, pero el objetivo es común: que el consumidor encuentre motivos para elegir sus vinos.
Cada vez menos manos en los viñedos
Pero para buscar quién compre el vino, primero hay que encontrar quién recoja la uva. La vendimia pone en estas fechas sobre la mesa un problema estructural en el mundo rural: la falta de mano de obra. En Toro, las necesidades se concentran en momentos muy concretos y Felipe Nalda lo resume con una frase: "Cuando se levanta el banderín, todo el mundo quiere a la vez". Sin embargo, asegura que, con organización y paciencia, la campaña sale adelante gracias a los trabajadores extranjeros en su gran mayoría.
A unos kilómetros, la situación puede ser mucho más complicada. "Aquí prácticamente imposible", sentencia García cuando se le pregunta por la posibilidad de contratar trabajadores. La vendimia se sostiene en buena medida gracias al apoyo de familiares y amigos. Y es que la distancia de Aliste respecto a Zamora capital u otras ciudades dificulta esa llegada de trabajadores y convierte las campañas en un ejercicio de resistencia.
Hacer relevo en las viñas
Junto a estas dificultades, otra pregunta quizá aún más difícil: quién se encargará de mantener estos viñedos en unos años. El relevo generacional es uno de los grandes retos para un cultivo que necesita de inversión y tiempo. Y no se trata de un problema futuro, sino de una realidad que ya tienen frente a ellos. "Es el gran problema que nos estamos encontrando a corto y medio plazo", advierte Nalda. Para él, la solución pasa por hacer este trabajo más atractivo y rentable, pero también por acabar con el estigma que aún existe sobre el campo, para que deje de asociarse únicamente con un oficio "arduo, pesado y aburrido".
Por tanto, la vendimia llega con alguna luz y bastantes sombras. Las uvas se recogen antes, las cosechas mantienen por lo general una muy buena calidad, pero las bodegas buscan nuevos mercados y acusan la falta de trabajadores y de relevo.
Los viticultores zamoranos saben que, en cada campaña, se juegan mucho más que la venta de sus vinos. En riesgo están la continuidad de una tradición, de una forma de trabajar la tierra y de una actividad que forma parte indisoluble —al menos hasta ahora— del paisaje zamorano. La vendimia ya está a pleno rendimiento, pero en el campo se mira mucho más allá de la cosecha.



